lunes, 20 de octubre de 2008
LECTURAS DE LA TERCERA UNIDAD.
Estas son las últimas lecturas de la tercera unidad que al mismo tiempo sirven de antecedente para la cuarta unidad que se inicia con la Independencia.
MOVIMIENTOS DE RESISTENCIA A LA DOMINACIÓN ESPAÑOLA.
PROPÓSITO
La conquista se dio por las armas y las órdenes religiosas continuaron con la pacificación del reino, pero las inconformidades sociales se mantuvieron a lo largo de los trescientos años, el mismo hijo de Hernán Cortés, Martín inició la primera rebelión contra los españoles y así se fueron encadenando las inconformidades hasta que en 1810 se inicia la rebelión generalizada. El alumno podrá hacer un seguimiento de los procesos históricos que tienen una larga continuidad.
INTRODUCCIÓN
Nueva España, colonia preferida de España, en donde ésta dejó en todos los ámbitos una huella decisiva de su presencia, vivió en el siglo XVIII una época de esplendor que con toda razón se llamó su siglo de oro. Con una extensión de más de cuatro millones de kilómetros cuadrados, que iban desde los extremos límites de California, Nuevo México y Texas hasta América del Centro, ocupados por una población mayor de seis y medio millones de habitantes, mal distribuidos y diferenciados social, económica y culturalmente, mantenía una organización política, administrativa, judicial y religiosa tan importante para su metrópoli como perjudicial a la movilidad socioeconómica de los mexicanos.
Si las reformas borbónicas aportaron un auge cultural considerable, ellas produjeron un bloqueo a los anhelos igualitarios y democráticos de núcleos relevantes, principalmente de los criollos, y una forma segura y eficaz de aprovechar mejor los recursos económicos novohispanos a favor de la Corona y su política europea.
LA INCONFORMIDAD SOCIAL
Su población, fruto de tres razas diversas, en estadios culturales diferentes y detentando una de ellas, la europea, el poder político y la fuerza económica, las otras estaban a ellas sujetas. La sociedad era en rigor de tipo estamental con poca movilidad y la constituían: “los que nada tienen y los que lo tiene todo”. Los europeos manejaban la mayor parte de la riqueza del país y unidos a numerosos criollos, estaban ligados a la política e intereses económicos de la metrópoli. Los criollos poseedores de una mejor preparación cultural, despierta inteligencia, estrecho apego a la tierra y sentimientos nacionalistas, mostrábanse celosos de los europeos. Los mestizos que por su fortuna y cultura distinguíanse, seguían la suerte del padre. Los que no, disminuían en categoría y sumábanse a las castas, descendientes de negros y blancos o de indios y negros, y las cuales representaban el escalón más bajo de la sociedad. Sus posibilidades de mejoría eran escasas y sus derechos eran casi nulos. Entre ellas la esclavitud era frecuente. Sin cultura, con una economía muy lánguida dependían en lo absoluto de las clases dirigentes; mas su carácter osado y levantisco les convertía en peligrosas. Su número era superior al millón. Las castas y los indios representaban el mayor porcentaje de la población y de las primeras procedían cerca de nueve mil esclavos ocupados en el servicio doméstico, como capataces, y en ciertos trabajos que ameritaban su utilización, frente a un aumento de la población indígena cuya fuerza de trabajo era más barata.
Los conflictos sociales, provocados por los abusos y condiciones laborales injustas y aflictivas, así como las rebeliones indígenas no fueron extrañas a esta época (entre 1607 y 1612). El Negro Yanga encabezó un movimiento de rebelión en Veracruz y Puebla, en 1612 se amotinaron unos negros en la Ciudad de México, en 1692 se dio el tumulto de la ciudad de México por escasez de granos de maíz, donde destruyeron e incendiaron el Palacio Virreinal. Durante el siglo XVII en las regiones de Topia, Taraumara y Nuevo México se llevaron a cabo múltiples rebeliones que expresaban la oposición y la afrenta a quienes veían, en la colonización española, la destrucción de sus formas de vida y la invasión de su territorio. Las huelgas y conflictos de los mineros del Real del Monte en 1766, los de San Luis Potosí en 1767 y Guanajuato y Pachuca en 1776 reflejan tensa situación que se agravó día tras día.
Culturalmente se había llegado a una madurez de la conciencia mostrada en amplios grupos esparcidos por todo el territorio, pero principalmente en aquellas provincias y regiones en las que existían centros educativos destacados: México, Puebla, Valladolid, Guadalajara, Mérida, Monterrey, Saltillo, de las que surgió un pensamiento a la reforma científico-filosófica y también política.
El acrecentamiento de un sentimiento nacionalista favorecido por ciertos factores imprimió su tónica en los ideales de varias generaciones, las cuales se hicieron eco y se aprovecharon en su favor, el descontento que en capas más bajas del país latía, por la miseria, el desigual reparto de la tierra, la carencia de fuentes de trabajo y varias condiciones de las existentes, así como las limitaciones para incorporarse a ciertas formas productivas.
La influencia de la ilustración europea, los ejemplos de la independencia de las colonias inglesas de Norteamérica, la Revolución Francesa, la independencia de Haití, sirvió a los americanos en mayor o menor grado para aclarar sus ideas, recuperar las tesis tradicionales defensoras de la libertad que habían sido olvidadas, crearles una conciencia de progreso, de libertad, de dignidad humana y para colocarles en un plano desde el que podían tratar igualitariamente en lo político y en lo cultural, no sólo con los espíritus esclarecidos de la Europa de esa época, sino con el Estado español. La ilustración al propio tiempo que vivificó el espíritu de los americanos con las nuevas ideas, reforzó su sentimiento optimista y sus deseos de cambio.
La atmósfera ideológica de finales del siglo XVIII, que en ciertas regiones del país, como el Bajío, se hizo más patente, fue precisando dos ideas fundamentales: emanciparse políticamente de una metrópoli descuidada y cada día más urgida de recursos y la cual excluía a los americanos; y liberarse de las trabas sociales que pesaban sobre la mayor parte de la población.
Los hombres que desde distintos ángulos promovieron conscientemente e inconscientemente la emancipación, anhelaban un mejoramiento social y económico que afianzara el progreso material bajo un régimen político liberal que lo hiciera posible, régimen que ellos se darían y no se les impondría de fuera. Emancipación política y emancipación socioeconómica, fueron los móviles de la guerra de independencia.
ACTIVIDADES
En un mapa de la República Mexicana localiza geográficamente y marca con colores, los diferentes lugares donde se dieron movimientos de rebeldía durante el periodo colonial.
Señala cuáles serían las causas principales que produjeron inconformidad social ante el dominio de las autoridades españolas.
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Investiga el tumulto que se dio en la Ciudad de México en 1692 por falta de granos de maíz y entrega en dos cuartillas un relato de lo acontecido
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Localiza los movimientos que hubo fuera del Imperio Español que influyeron para que los americanos colonizados comenzaran a luchar por su independencia.
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EVALUACIÓN
Los alumnos en sus diversas investigaciones reflejarán el trabajo de equipo que realizaron para exponer los diversos movimientos que se llevaron a cabo en todo el periodo colonial hasta llegar al movimiento final de la Independencia. Se verificará si leyeron para hacer sus trabajos las ideas principales que expresaron los enciclopedistas franceses y las propuestas hechas a través los Derechos del Hombre de la Independencia Norteamericana.
La conquista se dio por las armas y las órdenes religiosas continuaron con la pacificación del reino, pero las inconformidades sociales se mantuvieron a lo largo de los trescientos años, el mismo hijo de Hernán Cortés, Martín inició la primera rebelión contra los españoles y así se fueron encadenando las inconformidades hasta que en 1810 se inicia la rebelión generalizada. El alumno podrá hacer un seguimiento de los procesos históricos que tienen una larga continuidad.
INTRODUCCIÓN
Nueva España, colonia preferida de España, en donde ésta dejó en todos los ámbitos una huella decisiva de su presencia, vivió en el siglo XVIII una época de esplendor que con toda razón se llamó su siglo de oro. Con una extensión de más de cuatro millones de kilómetros cuadrados, que iban desde los extremos límites de California, Nuevo México y Texas hasta América del Centro, ocupados por una población mayor de seis y medio millones de habitantes, mal distribuidos y diferenciados social, económica y culturalmente, mantenía una organización política, administrativa, judicial y religiosa tan importante para su metrópoli como perjudicial a la movilidad socioeconómica de los mexicanos.
Si las reformas borbónicas aportaron un auge cultural considerable, ellas produjeron un bloqueo a los anhelos igualitarios y democráticos de núcleos relevantes, principalmente de los criollos, y una forma segura y eficaz de aprovechar mejor los recursos económicos novohispanos a favor de la Corona y su política europea.
LA INCONFORMIDAD SOCIAL
Su población, fruto de tres razas diversas, en estadios culturales diferentes y detentando una de ellas, la europea, el poder político y la fuerza económica, las otras estaban a ellas sujetas. La sociedad era en rigor de tipo estamental con poca movilidad y la constituían: “los que nada tienen y los que lo tiene todo”. Los europeos manejaban la mayor parte de la riqueza del país y unidos a numerosos criollos, estaban ligados a la política e intereses económicos de la metrópoli. Los criollos poseedores de una mejor preparación cultural, despierta inteligencia, estrecho apego a la tierra y sentimientos nacionalistas, mostrábanse celosos de los europeos. Los mestizos que por su fortuna y cultura distinguíanse, seguían la suerte del padre. Los que no, disminuían en categoría y sumábanse a las castas, descendientes de negros y blancos o de indios y negros, y las cuales representaban el escalón más bajo de la sociedad. Sus posibilidades de mejoría eran escasas y sus derechos eran casi nulos. Entre ellas la esclavitud era frecuente. Sin cultura, con una economía muy lánguida dependían en lo absoluto de las clases dirigentes; mas su carácter osado y levantisco les convertía en peligrosas. Su número era superior al millón. Las castas y los indios representaban el mayor porcentaje de la población y de las primeras procedían cerca de nueve mil esclavos ocupados en el servicio doméstico, como capataces, y en ciertos trabajos que ameritaban su utilización, frente a un aumento de la población indígena cuya fuerza de trabajo era más barata.
Los conflictos sociales, provocados por los abusos y condiciones laborales injustas y aflictivas, así como las rebeliones indígenas no fueron extrañas a esta época (entre 1607 y 1612). El Negro Yanga encabezó un movimiento de rebelión en Veracruz y Puebla, en 1612 se amotinaron unos negros en la Ciudad de México, en 1692 se dio el tumulto de la ciudad de México por escasez de granos de maíz, donde destruyeron e incendiaron el Palacio Virreinal. Durante el siglo XVII en las regiones de Topia, Taraumara y Nuevo México se llevaron a cabo múltiples rebeliones que expresaban la oposición y la afrenta a quienes veían, en la colonización española, la destrucción de sus formas de vida y la invasión de su territorio. Las huelgas y conflictos de los mineros del Real del Monte en 1766, los de San Luis Potosí en 1767 y Guanajuato y Pachuca en 1776 reflejan tensa situación que se agravó día tras día.
Culturalmente se había llegado a una madurez de la conciencia mostrada en amplios grupos esparcidos por todo el territorio, pero principalmente en aquellas provincias y regiones en las que existían centros educativos destacados: México, Puebla, Valladolid, Guadalajara, Mérida, Monterrey, Saltillo, de las que surgió un pensamiento a la reforma científico-filosófica y también política.
El acrecentamiento de un sentimiento nacionalista favorecido por ciertos factores imprimió su tónica en los ideales de varias generaciones, las cuales se hicieron eco y se aprovecharon en su favor, el descontento que en capas más bajas del país latía, por la miseria, el desigual reparto de la tierra, la carencia de fuentes de trabajo y varias condiciones de las existentes, así como las limitaciones para incorporarse a ciertas formas productivas.
La influencia de la ilustración europea, los ejemplos de la independencia de las colonias inglesas de Norteamérica, la Revolución Francesa, la independencia de Haití, sirvió a los americanos en mayor o menor grado para aclarar sus ideas, recuperar las tesis tradicionales defensoras de la libertad que habían sido olvidadas, crearles una conciencia de progreso, de libertad, de dignidad humana y para colocarles en un plano desde el que podían tratar igualitariamente en lo político y en lo cultural, no sólo con los espíritus esclarecidos de la Europa de esa época, sino con el Estado español. La ilustración al propio tiempo que vivificó el espíritu de los americanos con las nuevas ideas, reforzó su sentimiento optimista y sus deseos de cambio.
La atmósfera ideológica de finales del siglo XVIII, que en ciertas regiones del país, como el Bajío, se hizo más patente, fue precisando dos ideas fundamentales: emanciparse políticamente de una metrópoli descuidada y cada día más urgida de recursos y la cual excluía a los americanos; y liberarse de las trabas sociales que pesaban sobre la mayor parte de la población.
Los hombres que desde distintos ángulos promovieron conscientemente e inconscientemente la emancipación, anhelaban un mejoramiento social y económico que afianzara el progreso material bajo un régimen político liberal que lo hiciera posible, régimen que ellos se darían y no se les impondría de fuera. Emancipación política y emancipación socioeconómica, fueron los móviles de la guerra de independencia.
ACTIVIDADES
En un mapa de la República Mexicana localiza geográficamente y marca con colores, los diferentes lugares donde se dieron movimientos de rebeldía durante el periodo colonial.
Señala cuáles serían las causas principales que produjeron inconformidad social ante el dominio de las autoridades españolas.
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Investiga el tumulto que se dio en la Ciudad de México en 1692 por falta de granos de maíz y entrega en dos cuartillas un relato de lo acontecido
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Localiza los movimientos que hubo fuera del Imperio Español que influyeron para que los americanos colonizados comenzaran a luchar por su independencia.
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EVALUACIÓN
Los alumnos en sus diversas investigaciones reflejarán el trabajo de equipo que realizaron para exponer los diversos movimientos que se llevaron a cabo en todo el periodo colonial hasta llegar al movimiento final de la Independencia. Se verificará si leyeron para hacer sus trabajos las ideas principales que expresaron los enciclopedistas franceses y las propuestas hechas a través los Derechos del Hombre de la Independencia Norteamericana.
REBELIONES Y ALZAMIENTOS INDÍGENAS Y POPULARES.
Si vemos la etapa colonial como un proceso que se inicia con la conquista y acaba con la consumación de la independencia, entonces nos será más fácil entender la afirmación de que a medida que se consolidaba la nueva sociedad, también se definían las formas de lucha social que le serían características. Así, en una primera instancia predominó la lucha entre indígenas conquistados y españoles conquistadores, que se fue desplazando hacia el norte y algunas regiones no conquistadas del sur. En cambio ahí donde las nuevas relaciones económicas y políticas se habían estabilizado, fueron apareciendo nuevas contradicciones que se reflejaron en las luchas de otros sectores sociales: campesinos, indígenas, negros o mestizos y sus explotadores; entre trabajadores de la ciudad y clases propietarias; entre sectores medios y clases dominantes, etcétera21.
Esto significa que son falsas las tesis hispanistas que han querido ver a la etapa colonial con tonos idílicos, rosados, como si hubiera sido una era de civilización y piedad de unos con otros; una verdadera siesta colonial de tres siglos:
Desde su nacimiento, la existencia de la sociedad novohispana presenta antagonismos profundos de orden social, económico y político, originados en las desigualdades de riqueza y en los privilegios políticos y jurídicos de los grupos detentadores del poder. Conspiraciones, tumultos, alzamientos, rebeliones violentas, etc., fueron constantes en el periodo colonial. En dichos movimientos participaron indios, negros y castas. Pero también ocurrieron rebeliones de españoles e insurrecciones y conspiraciones de criollos y euromestizos22.
Por razones del desarrollo del programa, en este apartado solo trataremos de las rebeliones que se efectuaron hasta finales del siglo la primera mitad del siglo XVIII.
Las rebeliones rurales
María Luisa González Marín, en un estudio acerca de las rebeliones indígenas, clasifica en dos tipos a las comunidades: las nómadas atrasadas y las agrarias sedentarias23.
Las primeras son predominantemente norteñas, situadas en la zona de Aridoamérica, donde como vimos, se establecieron minas, estancias ganaderas, haciendas y también congregaciones. Su forma de lucha es abiertamente violenta; pues en general se pelea contra cualquier forma de dominación hispana, incluyendo la rebelión contra los religiosos.
Por su parte, las comunidades agrarias sedentarias, situadas en Mesoamérica, estaban acostumbradas a tributar a ciudades como Tenochtitian, Tlaxcala y otros, por lo que su rebelión se dio, en general por los despojos de tierra de que fueron objeto, o bien por abusos de los españoles.
En el norte, los antiguos chichimecas se rebelaron continuamente. De sus movimientos rebeldes mencionamos sólo los más destacados:
1541. Sublevación de indígenas de Nueva Galicia en Mixtón. Se niegan - a pagar tributos y a reconocer a los encomenderos de Tepic, Tlaltenango, Rio de Juchilapa, Nochistián y Teocaltiche. La rebelión llegó a sitiar Guadalajara y se extendió más hasta que el virrey Antonio de Mendoza la combatió. La lucha decisiva se efectuó en Nochistián, en donde cerca de 60 000 indígenas lucharon hasta- la muerte e incluso prefirieron arrojarse a los precipicios antes que rendirse. El resultado fue la derrota indígena y que 5000 indígenas fueran conducidos a la ciudad de México en calidad de esclavos.
1561. Se rebelan indios zacatéeos y guachichiles en lo que hoy son Zacatecas, San Luis Potosí y Jalisco. El movimiento se extendió y dejó sitiado el centro minero Real de Zacatecas. Fueron derrotados primero los zacatéeos, con ayuda de varias tribus comandadas por españoles.
1606. Rebelión de tarahumaras y tepehuanes. Son muertos 15 555 indígenas, además de un número importante de religiosos y soldados españoles. En 1616 y 1617 se vuelven a sublevar los mismos grupos indígenas.
1621. Rebelión de los indios tobosos y tribus aliadas: conexes, ococlomes, cocoyames, etc. El motivo: que se les obliga a ser sedentarios para el trabajo en las haciendas del Valle de San Bartolomé. Los indígenas llegaron a atacar dos reales de minas: Mapimí y Parral.
1622. Rebelión de los yaquis en alianza con los ocories y los zuaques.
1632. Levantamiento de varias tribus de Sinaloa.
1652. Nueva rebelión tarahumara, con ayuda de otros pueblos indígenas. Los indígenas destruían minas y haciendas, amenazando incluso la consolidación del dominio español en esa región. Hubo nuevas revueltas en 1689, 1690, 1694, 1696 y aún durante el siglo XVIII.
1665. Rebelión de conchos, sobas y pimas.
1680. Se realiza la rebelión más larga de la Colonia. Las tribus habitantes de Nuevo México (taos, pecuries y tehuas) asaltan San Cristóbal y expulsan a los españoles, negándose a pagar tributo. Mantienen su independencia durante 12 años, pero la rivalidad tribal los debilitó, ayudando a la reconquista.
A partir del siglo XVIII baja la frecuencia de las rebeliones en la zona noroeste, debido a que varias tribus han sido aniquiladas. Sobreviven sólo los pueblos más cohesionados y numerosos, como los yaquis, los tarahumaras y los seris. Hay rebeliones en 1701 (reino de Nuevo León),
1720 (indios conchos) y 1750 (pimas y seris).
Las principales rebeliones de las comunidades agrícolas sedentarias, fueron:
1523. Se levantan los indios de la Provincia de Panuco.
1524-28. Hay sublevaciones en Oaxaca (mijes). Son asesinados los cobradores de tributos, y la rebelión se extiende hasta Chiapas.
1524. Se sublevan los indígenas de la Provincia de Chiapas.
Nuevamente los excesivos tributos es una de las causas principales.
1544. Nueva sublevación en Oaxaca.
1660. Tiene lugar una más extensa rebelión en Oaxaca. Los indígenas incendiaron dependencias del Gobierno e invitaron a otros pueblos a unirse contra la dominación hispana. Incluso se formó un gobierno comunal. Finalmente esta rebelión fue derrotada24.
Hasta aquí hemos hablado de rebeliones indígenas. Pero hubo también formas de lucha de otros sectores de la sociedad novohispana:
Junto a las formas de lucha que habían predominado en el siglo XVI, aparecieron otras nuevas. Los trabajadores indios y negros no sólo se remontaban a zonas inhóspitas, huyendo de sus amos, o bien litigaban contra ellos aprovechando las posibilidades que ofrecían las leyes, sino que apelaban cada vez más a la revuelta, el bandidaje, el tumulto e, incluso, a la rebelión masiva y prolongada. Además, los choques se hicieron más frecuentes y se extendieron por todo el país. Se puede decir, sin temor a exagerar, que no pasaba un quinquenio sin que se produjeran importantes luchas en una u otra región25.
Hubo luchas de los negros; por ejemplo en 1537 tuvieron lugar las primeras y a principios del siglo XVII varios grupos de esclavos que habían huido de los ingenios y haciendas, aparecieron en algunas partes del camino entre Veracruz y Puebla, atacando a los viajeros y amenazando a los pueblos vecinos. Lo mismo ocurría hacia las costas del Pacífico.
Los españoles usaron un término (ofensivo, como siempre) para designar a los negros que huían y se internaban en bosques y selvas: les llamaban cimarrones, exactamente como a los animales domésticos que se volvían salvajes.
En las sierras de Puebla y Veracruz destaca en 1608 la rebelión de Yanga, quien había sido jefe en África y que por lo mismo dirigía un grupo importante de negros concentrados en una aldea de ochenta familias. Se lanzó contra ellos una fuerza de doscientos españoles y doscientos arqueros tlaxcaltecas que no pudieron vencerlos y aceptaron la negociación. Ellos respetarían la libertad a cambio de que los rebeldes va no atacaran a los viajeros y se les asignó un sitio para que se estableciera en el hoy estado de Veracruz. Hoy día este lugar lleva el nombre del jefe de la insurrección. Yanga.
Motines urbanos
En 1609, el entierro de una esclava negra, que había sido flagelada hasta la muerte por su amo, fue causa de una violenta protesta en la ciudad de México. Participaron en el tumulto cerca de 1500 negros y mulatos, quienes apedrearon la casa del asesino y protestaron frente al plació del virrey.
Según los españoles, a partir de ahí comenzó a organizarse una conspiración negra cuyo objetivo era asesinar a todos los blancos y poner en el trono novohispano a un rey y una reina angoleños.
La culminación de estos hechos fue una violenta represión. Te pedimos que leas el siguiente texto:
LOS TREINTA Y TRES NEGROS
No puede saberse con seguridad si la audiencia descubrió realmente alguna conspiración, o quiso con un ejemplar ruidoso calmar los ánimos y acobardar a los negros por si pensaban en rebelarse; lo cierto es que apenas pasó la pascua, México presenció una de las más horrorosas ejecuciones de que haya memoria.
Veintinueve negros y cuatro negras fueron ejecutados en el mismo día y hora en la plaza mayor de la ciudad.
El gentío era inmenso; plaza y calles, balcones y azoteas, todo estaba lleno, en todas partes había espectadores, desde todas partes se contemplaba aquella espantosa matanza.
Aquellos hombres, y sobre todo aquellas mujeres que caminaban al patíbulo, casi moribundos, cubiertos de harapos, a encontrar la muerte después de una vida de esclavitud y sufrimiento; los confesores que a grito herido encomendaban aquellas almas a la misericordia de Dios, una multitud inmensa que se agitaba como un mar borrascoso, y sobre todas aquellas cabezas treinta y tres horcas, de donde pendían media hora después treinta y tres cadáveres.
La ejecución había terminado, pero la gente no se retiraba, y era que aún había un segundo acto más repugnante.
Los verdugos comenzaron a bajar los cadáveres, y con una hacha a cortarles las cabezas, que se fijaban en escarpias (alcayatas).
Se estaban castigando cadáveres y derramando la descompuesta sangre de los muertos.
Aquella escena era asquerosa.
Las treinta y tres cabezas se fijaron en escarpias en la plaza mayor de la ciudad, ornato digno de la grandeza de la audiencia gobernadora.
Mucho tiempo estuvieron allí aquellos trofeos de civilización, hasta que la audiencia tuvo parte de que no era ya posible sufrirla fetidez, y las mandó quitar y que se enterraran.
Así se sofocó aquella soñada conspiración, en el año de 1612.
Vicente Riva Palacio. El libro rojo.
Causas económicas como la. pérdida de cosechas y el alza de los precios del maíz y el trigo, se encuentran detrás de un importante motín ocurrido en 1624.
El pretexto fue la lucha, primero sorda y posteriormente abierta entre el virrey Conde Gelves y sus partidarios, contra el arzobispo de México Juan Pérez de la Serna. La gente pobre, en parte descontenta y desesperada por hambre, y en parte manipulada por el clero, tomó partido por el arzobispo.
Todo culminó en el incendio del palacio virreinal por parte de una muchedumbre enardecida. El virrey huyó de palacio disfrazado de gente de pueblo, gritando mueras al propio virrey.
En el año de 1646 soldados mulatos de Veracruz se enfrentaron a los blancos, ya que les hacían objeto de burlas y vejaciones.
En la ciudad de México, cuando corría el año de 1665, los negros volvieron a manifestar su descontento, provocando la intervención tanto del virrey como de la Inquisición.
Otro tumulto importante ocurrió a fines del siglo XVII, ahora contra el virrey Conde de Gálvez. La causa: nuevamente crisis agrícolas y sospecha de especulación con granos por parte del virrey y sus allegados.
Lee y analiza con tu equipo el siguiente texto:
EL MOTÍN DE 1692 EN LA CIUDAD DE MÉXICO
Mientras la multitud compuesta por los pobres de la ciudad -mestizos, mulatos y españoles pobres, pero sobre todo por indios— crecía, los soldados españoles intentaron dispersarla pero sin lograrlo. Hacia las ocho de la noche, la muchedumbre que sitiaba el palacio sumaba más de 10 mil personas. Sin dejar de arrojar piedras, aquélla puso fuego al palacio que había sido reconstruido después del incendio de 1624. Ardieron también las casas del cabildo y la del Marqués del Valle, y sólo la intervención de los religiosos logró impedir que sucediera lo mismo con otras construcciones pertenecientes a los españoles.
A las diez de la noche todo había terminado. El palacio estaba semidormido y no dejó de humear en los siguientes dos días La plaza se encontraba sembrada de cadáveres. Las tiendas que había en ella estaban desmanteladas. Al amanecer del día 9 en los muros quemados del palacio apareció la orgullosa leyenda:
Este corral se alquila
para gallos de esta tierra
y gallinas de Castilla.
Enrique Semo. Conquista y colonia.
Esto significa que son falsas las tesis hispanistas que han querido ver a la etapa colonial con tonos idílicos, rosados, como si hubiera sido una era de civilización y piedad de unos con otros; una verdadera siesta colonial de tres siglos:
Desde su nacimiento, la existencia de la sociedad novohispana presenta antagonismos profundos de orden social, económico y político, originados en las desigualdades de riqueza y en los privilegios políticos y jurídicos de los grupos detentadores del poder. Conspiraciones, tumultos, alzamientos, rebeliones violentas, etc., fueron constantes en el periodo colonial. En dichos movimientos participaron indios, negros y castas. Pero también ocurrieron rebeliones de españoles e insurrecciones y conspiraciones de criollos y euromestizos22.
Por razones del desarrollo del programa, en este apartado solo trataremos de las rebeliones que se efectuaron hasta finales del siglo la primera mitad del siglo XVIII.
Las rebeliones rurales
María Luisa González Marín, en un estudio acerca de las rebeliones indígenas, clasifica en dos tipos a las comunidades: las nómadas atrasadas y las agrarias sedentarias23.
Las primeras son predominantemente norteñas, situadas en la zona de Aridoamérica, donde como vimos, se establecieron minas, estancias ganaderas, haciendas y también congregaciones. Su forma de lucha es abiertamente violenta; pues en general se pelea contra cualquier forma de dominación hispana, incluyendo la rebelión contra los religiosos.
Por su parte, las comunidades agrarias sedentarias, situadas en Mesoamérica, estaban acostumbradas a tributar a ciudades como Tenochtitian, Tlaxcala y otros, por lo que su rebelión se dio, en general por los despojos de tierra de que fueron objeto, o bien por abusos de los españoles.
En el norte, los antiguos chichimecas se rebelaron continuamente. De sus movimientos rebeldes mencionamos sólo los más destacados:
1541. Sublevación de indígenas de Nueva Galicia en Mixtón. Se niegan - a pagar tributos y a reconocer a los encomenderos de Tepic, Tlaltenango, Rio de Juchilapa, Nochistián y Teocaltiche. La rebelión llegó a sitiar Guadalajara y se extendió más hasta que el virrey Antonio de Mendoza la combatió. La lucha decisiva se efectuó en Nochistián, en donde cerca de 60 000 indígenas lucharon hasta- la muerte e incluso prefirieron arrojarse a los precipicios antes que rendirse. El resultado fue la derrota indígena y que 5000 indígenas fueran conducidos a la ciudad de México en calidad de esclavos.
1561. Se rebelan indios zacatéeos y guachichiles en lo que hoy son Zacatecas, San Luis Potosí y Jalisco. El movimiento se extendió y dejó sitiado el centro minero Real de Zacatecas. Fueron derrotados primero los zacatéeos, con ayuda de varias tribus comandadas por españoles.
1606. Rebelión de tarahumaras y tepehuanes. Son muertos 15 555 indígenas, además de un número importante de religiosos y soldados españoles. En 1616 y 1617 se vuelven a sublevar los mismos grupos indígenas.
1621. Rebelión de los indios tobosos y tribus aliadas: conexes, ococlomes, cocoyames, etc. El motivo: que se les obliga a ser sedentarios para el trabajo en las haciendas del Valle de San Bartolomé. Los indígenas llegaron a atacar dos reales de minas: Mapimí y Parral.
1622. Rebelión de los yaquis en alianza con los ocories y los zuaques.
1632. Levantamiento de varias tribus de Sinaloa.
1652. Nueva rebelión tarahumara, con ayuda de otros pueblos indígenas. Los indígenas destruían minas y haciendas, amenazando incluso la consolidación del dominio español en esa región. Hubo nuevas revueltas en 1689, 1690, 1694, 1696 y aún durante el siglo XVIII.
1665. Rebelión de conchos, sobas y pimas.
1680. Se realiza la rebelión más larga de la Colonia. Las tribus habitantes de Nuevo México (taos, pecuries y tehuas) asaltan San Cristóbal y expulsan a los españoles, negándose a pagar tributo. Mantienen su independencia durante 12 años, pero la rivalidad tribal los debilitó, ayudando a la reconquista.
A partir del siglo XVIII baja la frecuencia de las rebeliones en la zona noroeste, debido a que varias tribus han sido aniquiladas. Sobreviven sólo los pueblos más cohesionados y numerosos, como los yaquis, los tarahumaras y los seris. Hay rebeliones en 1701 (reino de Nuevo León),
1720 (indios conchos) y 1750 (pimas y seris).
Las principales rebeliones de las comunidades agrícolas sedentarias, fueron:
1523. Se levantan los indios de la Provincia de Panuco.
1524-28. Hay sublevaciones en Oaxaca (mijes). Son asesinados los cobradores de tributos, y la rebelión se extiende hasta Chiapas.
1524. Se sublevan los indígenas de la Provincia de Chiapas.
Nuevamente los excesivos tributos es una de las causas principales.
1544. Nueva sublevación en Oaxaca.
1660. Tiene lugar una más extensa rebelión en Oaxaca. Los indígenas incendiaron dependencias del Gobierno e invitaron a otros pueblos a unirse contra la dominación hispana. Incluso se formó un gobierno comunal. Finalmente esta rebelión fue derrotada24.
Hasta aquí hemos hablado de rebeliones indígenas. Pero hubo también formas de lucha de otros sectores de la sociedad novohispana:
Junto a las formas de lucha que habían predominado en el siglo XVI, aparecieron otras nuevas. Los trabajadores indios y negros no sólo se remontaban a zonas inhóspitas, huyendo de sus amos, o bien litigaban contra ellos aprovechando las posibilidades que ofrecían las leyes, sino que apelaban cada vez más a la revuelta, el bandidaje, el tumulto e, incluso, a la rebelión masiva y prolongada. Además, los choques se hicieron más frecuentes y se extendieron por todo el país. Se puede decir, sin temor a exagerar, que no pasaba un quinquenio sin que se produjeran importantes luchas en una u otra región25.
Hubo luchas de los negros; por ejemplo en 1537 tuvieron lugar las primeras y a principios del siglo XVII varios grupos de esclavos que habían huido de los ingenios y haciendas, aparecieron en algunas partes del camino entre Veracruz y Puebla, atacando a los viajeros y amenazando a los pueblos vecinos. Lo mismo ocurría hacia las costas del Pacífico.
Los españoles usaron un término (ofensivo, como siempre) para designar a los negros que huían y se internaban en bosques y selvas: les llamaban cimarrones, exactamente como a los animales domésticos que se volvían salvajes.
En las sierras de Puebla y Veracruz destaca en 1608 la rebelión de Yanga, quien había sido jefe en África y que por lo mismo dirigía un grupo importante de negros concentrados en una aldea de ochenta familias. Se lanzó contra ellos una fuerza de doscientos españoles y doscientos arqueros tlaxcaltecas que no pudieron vencerlos y aceptaron la negociación. Ellos respetarían la libertad a cambio de que los rebeldes va no atacaran a los viajeros y se les asignó un sitio para que se estableciera en el hoy estado de Veracruz. Hoy día este lugar lleva el nombre del jefe de la insurrección. Yanga.
Motines urbanos
En 1609, el entierro de una esclava negra, que había sido flagelada hasta la muerte por su amo, fue causa de una violenta protesta en la ciudad de México. Participaron en el tumulto cerca de 1500 negros y mulatos, quienes apedrearon la casa del asesino y protestaron frente al plació del virrey.
Según los españoles, a partir de ahí comenzó a organizarse una conspiración negra cuyo objetivo era asesinar a todos los blancos y poner en el trono novohispano a un rey y una reina angoleños.
La culminación de estos hechos fue una violenta represión. Te pedimos que leas el siguiente texto:
LOS TREINTA Y TRES NEGROS
No puede saberse con seguridad si la audiencia descubrió realmente alguna conspiración, o quiso con un ejemplar ruidoso calmar los ánimos y acobardar a los negros por si pensaban en rebelarse; lo cierto es que apenas pasó la pascua, México presenció una de las más horrorosas ejecuciones de que haya memoria.
Veintinueve negros y cuatro negras fueron ejecutados en el mismo día y hora en la plaza mayor de la ciudad.
El gentío era inmenso; plaza y calles, balcones y azoteas, todo estaba lleno, en todas partes había espectadores, desde todas partes se contemplaba aquella espantosa matanza.
Aquellos hombres, y sobre todo aquellas mujeres que caminaban al patíbulo, casi moribundos, cubiertos de harapos, a encontrar la muerte después de una vida de esclavitud y sufrimiento; los confesores que a grito herido encomendaban aquellas almas a la misericordia de Dios, una multitud inmensa que se agitaba como un mar borrascoso, y sobre todas aquellas cabezas treinta y tres horcas, de donde pendían media hora después treinta y tres cadáveres.
La ejecución había terminado, pero la gente no se retiraba, y era que aún había un segundo acto más repugnante.
Los verdugos comenzaron a bajar los cadáveres, y con una hacha a cortarles las cabezas, que se fijaban en escarpias (alcayatas).
Se estaban castigando cadáveres y derramando la descompuesta sangre de los muertos.
Aquella escena era asquerosa.
Las treinta y tres cabezas se fijaron en escarpias en la plaza mayor de la ciudad, ornato digno de la grandeza de la audiencia gobernadora.
Mucho tiempo estuvieron allí aquellos trofeos de civilización, hasta que la audiencia tuvo parte de que no era ya posible sufrirla fetidez, y las mandó quitar y que se enterraran.
Así se sofocó aquella soñada conspiración, en el año de 1612.
Vicente Riva Palacio. El libro rojo.
Causas económicas como la. pérdida de cosechas y el alza de los precios del maíz y el trigo, se encuentran detrás de un importante motín ocurrido en 1624.
El pretexto fue la lucha, primero sorda y posteriormente abierta entre el virrey Conde Gelves y sus partidarios, contra el arzobispo de México Juan Pérez de la Serna. La gente pobre, en parte descontenta y desesperada por hambre, y en parte manipulada por el clero, tomó partido por el arzobispo.
Todo culminó en el incendio del palacio virreinal por parte de una muchedumbre enardecida. El virrey huyó de palacio disfrazado de gente de pueblo, gritando mueras al propio virrey.
En el año de 1646 soldados mulatos de Veracruz se enfrentaron a los blancos, ya que les hacían objeto de burlas y vejaciones.
En la ciudad de México, cuando corría el año de 1665, los negros volvieron a manifestar su descontento, provocando la intervención tanto del virrey como de la Inquisición.
Otro tumulto importante ocurrió a fines del siglo XVII, ahora contra el virrey Conde de Gálvez. La causa: nuevamente crisis agrícolas y sospecha de especulación con granos por parte del virrey y sus allegados.
Lee y analiza con tu equipo el siguiente texto:
EL MOTÍN DE 1692 EN LA CIUDAD DE MÉXICO
Mientras la multitud compuesta por los pobres de la ciudad -mestizos, mulatos y españoles pobres, pero sobre todo por indios— crecía, los soldados españoles intentaron dispersarla pero sin lograrlo. Hacia las ocho de la noche, la muchedumbre que sitiaba el palacio sumaba más de 10 mil personas. Sin dejar de arrojar piedras, aquélla puso fuego al palacio que había sido reconstruido después del incendio de 1624. Ardieron también las casas del cabildo y la del Marqués del Valle, y sólo la intervención de los religiosos logró impedir que sucediera lo mismo con otras construcciones pertenecientes a los españoles.
A las diez de la noche todo había terminado. El palacio estaba semidormido y no dejó de humear en los siguientes dos días La plaza se encontraba sembrada de cadáveres. Las tiendas que había en ella estaban desmanteladas. Al amanecer del día 9 en los muros quemados del palacio apareció la orgullosa leyenda:
Este corral se alquila
para gallos de esta tierra
y gallinas de Castilla.
Enrique Semo. Conquista y colonia.
miércoles, 15 de octubre de 2008
LA GANADERIA
En el campo de la riqueza pecuaria la cultura indígena no ofreció a los conquistadores ninguna especie de ganado mayor o menor similar a las europeas. Pero esa carencia fue compensada muy pronto por las apropiadas condiciones climáticas, topográficas de los dilatados espacios de la Nueva España.
En el terreno humano, los menores cuidados que la ganadería necesitaba, a diferencia de la agricultura, lograron hacer del indio un elemento de colaboración menos difícil de aplicar que en las actividades de cultivo.
El lugar de origen de todas las especies europeas introducidas en la Nueva España fueron las islas Antillas: Cuba, Santo Domingo, San Juan de Puerto Rico, donde ya contaban con varias décadas de aclimatación. La rápida multiplicación del ganado caballar redujo al mínimo su precio e hizo posible que hasta los españoles y mestizos pobres dispusieran de caballo.
El cerdo pronto se propagó y quedó al alcance de todos. Las telas de abrigo exigidas por el clima de la meseta y la propia costumbre europea, hicieron que el ganado lanar u ovino ocupara lugar destacado en la incipiente economía colonial interna. La especie “merino”, por su fácil adaptación al medio, calidad y rendimiento de lana, se hizo indispensable para cubrir esa necesidad.
La primitiva unidad de tierra dedicada al ganado se incluyó en las normas relativas al reparto de tierras, por lo que corresponde a peonías y caballerías. Peonía era una porción de tierra de 50 pies de ancho y 100 de largo, 100 fanegas de tierra de labor de trigo o cebada, 10 de maíz, dos huebras (una era la extensión arable por una yunta en un día de labor) de tierra para huerta y 8 para cultivo de otros árboles, y tierra de pastos suficientes para 10 puercas de vientre, 20 vacas, 5 yeguas, 100 ovejas y 20 cabras. La caballería media 100 pies de largo y 200 de ancho, con equivalencia total a cinco peonías de tierras de ganado, labor y pastores, correspondía, en medidas métricas actuales, a 0.41 km2.
La cercana comarca de Toluca y aledaños acogió las primeras concesiones de estancias que constituyeron el núcleo del posterior movimiento migratorio del ganado hacia el norte.
Materia de constantes reclamaciones fue la invasión de destrucción de las sementeras indígenas por el ganado.
Medida encaminada a precaver los daños en labranzas y pueblos indígenas fue la de establecer la distancia que debía separar su propiedades de las estancias de españoles. Al efecto se promulgaron las Ordenanzas de 26 de mayo de 1567, modificadas por reales cédulas de 1687 y 1695. Por las primeras debía haber un espacio de mil varas entre las estancias y los poblados; las cédulas reales citadas alargaron la distancia a 1 100 varas, contadas desde la inglesa del pueblo de indios “y no desde la última casa como antes se practicaba”. Las reducciones de indios también quedaron amparadas contra la invasión del ganado.
Factor de suma importancia en el desenvolvimiento de la ganadería fue la extensión de los preceptos jurídicos peninsulares a las colonias sobre el usufructo común de tierras y pastos. El caso particular de las sementaras indígenas quedó incluido en la legislación local por la ordenanza de 6 de abril de 1576.
La institución de la Mesta que en España fue la asociación de dueños de ganado, en la Nueva España se distinguió por constituir igual tipo de gremio, pero formado por propietarios de estancias que a la vez lo eran de ganados, en otras palabras, poseían al mismo tiempo bienes raíces y semovientes. Al Cabildo de la ciudad de México corresponde el haber decidido establecer en 1529 una rudimentaria organización Mestal local, limitada a su extenso distrito territorial.
Con el paso del tiempo esas primeras ordenanzas sufrieron profundas modificaciones al irse acumulando una copiosa legislación, producto de resoluciones sobre casos generales o particulares no previstos en su texto o apenas percibidos en el momento de su promulgación.
El rodeo, la expresión más mexicana de la Mesta, aparece regulada en dos formas: la principal, desde el día de San Juan en junio hasta mediados de noviembre. Cada estancia debía hacer el rodeo semanal de ganado vacuno y caballar para separar las reses mezcladas; la otra forma, más limitada, obligaba a cada dueño de estancia de ganado mayor a tener un estanciero español por cada dos mil cabezas, más cuatro negros o indios, dos montados y dos a pie, que haría el mismo rodeo semanal.
El progreso de la ganadería adelante y con él la expedición de más y más mandamientos, órdenes y disposiciones virreinales que iban perfeccionando la organización de la Mesta, al punto de que se hizo obligada la compilación de toda aquella legislación dispersa en otro código de ordenanzas formulado en 1631 por el virrey marqués de Cerralvo.
El auge de la ganadería era palpable a mediados del siglo XVI. En 1553 parte de las estancias de la provincia de Jilotepec tenían entre 20 y 30 mil cabezas de ganado menor, aparte de vacas, yeguas y bueyes. En esa región, como en las de Toluca Tepeapulco, no era extraordinario que un ganadero tuviera 10 mil reses y mil yegua.
En el sureste, la Gobernación de Yucatán sólo criaba escaso ganado mayor. En el norte, la Nueva Galicia tenía la ganadería distribuida a ambos lados de una línea irregular que partiendo de la región de Guadalajara subía hacia Aguascalientes, Zacatecas.
A despecho de las cifras dadas como ejemplo de la fabulosa riqueza ganadera novo hispana, es necesario apuntar que su máximo aumento fue alcanzado a fines del XVI. A partir de 1580 más o menos se empezó a observar una reducción apreciable en la multiplicación del ganado.
La marca de reses puede ser otro elemento de comparación muy elocuente. La región de Guadalajara marcaba 23 mil novillos en 1594, pero en 1602 desciende a 8000 y en 1608 apenas 5000.
En el terreno humano, los menores cuidados que la ganadería necesitaba, a diferencia de la agricultura, lograron hacer del indio un elemento de colaboración menos difícil de aplicar que en las actividades de cultivo.
El lugar de origen de todas las especies europeas introducidas en la Nueva España fueron las islas Antillas: Cuba, Santo Domingo, San Juan de Puerto Rico, donde ya contaban con varias décadas de aclimatación. La rápida multiplicación del ganado caballar redujo al mínimo su precio e hizo posible que hasta los españoles y mestizos pobres dispusieran de caballo.
El cerdo pronto se propagó y quedó al alcance de todos. Las telas de abrigo exigidas por el clima de la meseta y la propia costumbre europea, hicieron que el ganado lanar u ovino ocupara lugar destacado en la incipiente economía colonial interna. La especie “merino”, por su fácil adaptación al medio, calidad y rendimiento de lana, se hizo indispensable para cubrir esa necesidad.
La primitiva unidad de tierra dedicada al ganado se incluyó en las normas relativas al reparto de tierras, por lo que corresponde a peonías y caballerías. Peonía era una porción de tierra de 50 pies de ancho y 100 de largo, 100 fanegas de tierra de labor de trigo o cebada, 10 de maíz, dos huebras (una era la extensión arable por una yunta en un día de labor) de tierra para huerta y 8 para cultivo de otros árboles, y tierra de pastos suficientes para 10 puercas de vientre, 20 vacas, 5 yeguas, 100 ovejas y 20 cabras. La caballería media 100 pies de largo y 200 de ancho, con equivalencia total a cinco peonías de tierras de ganado, labor y pastores, correspondía, en medidas métricas actuales, a 0.41 km2.
La cercana comarca de Toluca y aledaños acogió las primeras concesiones de estancias que constituyeron el núcleo del posterior movimiento migratorio del ganado hacia el norte.
Materia de constantes reclamaciones fue la invasión de destrucción de las sementeras indígenas por el ganado.
Medida encaminada a precaver los daños en labranzas y pueblos indígenas fue la de establecer la distancia que debía separar su propiedades de las estancias de españoles. Al efecto se promulgaron las Ordenanzas de 26 de mayo de 1567, modificadas por reales cédulas de 1687 y 1695. Por las primeras debía haber un espacio de mil varas entre las estancias y los poblados; las cédulas reales citadas alargaron la distancia a 1 100 varas, contadas desde la inglesa del pueblo de indios “y no desde la última casa como antes se practicaba”. Las reducciones de indios también quedaron amparadas contra la invasión del ganado.
Factor de suma importancia en el desenvolvimiento de la ganadería fue la extensión de los preceptos jurídicos peninsulares a las colonias sobre el usufructo común de tierras y pastos. El caso particular de las sementaras indígenas quedó incluido en la legislación local por la ordenanza de 6 de abril de 1576.
La institución de la Mesta que en España fue la asociación de dueños de ganado, en la Nueva España se distinguió por constituir igual tipo de gremio, pero formado por propietarios de estancias que a la vez lo eran de ganados, en otras palabras, poseían al mismo tiempo bienes raíces y semovientes. Al Cabildo de la ciudad de México corresponde el haber decidido establecer en 1529 una rudimentaria organización Mestal local, limitada a su extenso distrito territorial.
Con el paso del tiempo esas primeras ordenanzas sufrieron profundas modificaciones al irse acumulando una copiosa legislación, producto de resoluciones sobre casos generales o particulares no previstos en su texto o apenas percibidos en el momento de su promulgación.
El rodeo, la expresión más mexicana de la Mesta, aparece regulada en dos formas: la principal, desde el día de San Juan en junio hasta mediados de noviembre. Cada estancia debía hacer el rodeo semanal de ganado vacuno y caballar para separar las reses mezcladas; la otra forma, más limitada, obligaba a cada dueño de estancia de ganado mayor a tener un estanciero español por cada dos mil cabezas, más cuatro negros o indios, dos montados y dos a pie, que haría el mismo rodeo semanal.
El progreso de la ganadería adelante y con él la expedición de más y más mandamientos, órdenes y disposiciones virreinales que iban perfeccionando la organización de la Mesta, al punto de que se hizo obligada la compilación de toda aquella legislación dispersa en otro código de ordenanzas formulado en 1631 por el virrey marqués de Cerralvo.
El auge de la ganadería era palpable a mediados del siglo XVI. En 1553 parte de las estancias de la provincia de Jilotepec tenían entre 20 y 30 mil cabezas de ganado menor, aparte de vacas, yeguas y bueyes. En esa región, como en las de Toluca Tepeapulco, no era extraordinario que un ganadero tuviera 10 mil reses y mil yegua.
En el sureste, la Gobernación de Yucatán sólo criaba escaso ganado mayor. En el norte, la Nueva Galicia tenía la ganadería distribuida a ambos lados de una línea irregular que partiendo de la región de Guadalajara subía hacia Aguascalientes, Zacatecas.
A despecho de las cifras dadas como ejemplo de la fabulosa riqueza ganadera novo hispana, es necesario apuntar que su máximo aumento fue alcanzado a fines del XVI. A partir de 1580 más o menos se empezó a observar una reducción apreciable en la multiplicación del ganado.
La marca de reses puede ser otro elemento de comparación muy elocuente. La región de Guadalajara marcaba 23 mil novillos en 1594, pero en 1602 desciende a 8000 y en 1608 apenas 5000.
LA MINERIA
El atractivo de los metales preciosos fue un factor importante en la conquista de la Nueva Zacatecas, descubierta en 1546, se pobló rápidamente; para 1548 tenía ya unas 50 minas en explotación, y se convirtió en la segunda ciudad más
importante de Nueva España, poblada por mineros y comerciantes. En 1552, las minas de Pachuca empezaron a explotarse con los sistemas más modernos de la época. En 1554 comienzan a explotarse las minas de Guanajuato. Más al norte que todas las anteriores, a partir de 1567, se inició la explotación de las minas de Indé y Santa Bárbara, situadas a más de 700 kilómetros de Zacatecas y 1 500 de México. En 1592, surgen los yacimientos de San Luis Potosí, para 1593-1603 y 1609 se descubren los filones de sierra de Pinos y Ramos.
Los recursos técnicos de los españoles hicieron posible la gran explotación minera.
Los mineros debían pagar el Real Quinto, pero en los minerales de plata se pagaba, a diferencia de los peruanos, el diezmo (1/10, en vez de 1/5), debido a la carestía del azogue en Nueva España.
El trabajo en las minas era el más peligroso y duro; las condiciones y la técnica de las minas lo hacían muy riesgoso y los trabajadores no respondían a los estímulos. La disminución de la población indígena superó todas las posibilidades de crear la mano de obra estable.
La explotación de yacimientos de Nueva España estuvo de acuerdo con el oscilante monopolio peninsular. La irregularidad de los suministros hizo que se adoptara el procedimiento de repartir equitativamente los azogues por mano de oficiales reales entre los mineros.
Un balance certero de la minería novo hispana del XVII es prácticamente imposible debido a la escasez y a la incertidumbre de datos confiables.
Pueden destacarse algunos hechos generales: la bonanza minera de los años inmediatamente posteriores a la conquista (que comprendieron principalmente el oro lavad) no se alcanza con la plata a finales del XVI ni en la mayor parte del siglo XVII, a pesar de los numerosos yacimientos que se descubren. A mitad del XVII, la producción de plata se reduce tanto, que la economía de Nueva España se repliega dentro de sus fronteras, y en este territorio se localizan economías autosuficientes, cerradas al tráfico marítimo con la metrópoli.
Paralelamente se disminuyen los envíos de plata a la Península; y este fenómeno se explica no sólo por la contracción de la actividad minera, sino por la inevitable necesidad de dedicar la producción metálica al sostén de la administración del virreinato, su defensa y apoyo económico de las islas del Caribe con los “situados”, destinados en principio a gastos militares (construcción de puntos de defensa y pago de guarniciones)
Profa. Maldonado Figueroa Graciela
importante de Nueva España, poblada por mineros y comerciantes. En 1552, las minas de Pachuca empezaron a explotarse con los sistemas más modernos de la época. En 1554 comienzan a explotarse las minas de Guanajuato. Más al norte que todas las anteriores, a partir de 1567, se inició la explotación de las minas de Indé y Santa Bárbara, situadas a más de 700 kilómetros de Zacatecas y 1 500 de México. En 1592, surgen los yacimientos de San Luis Potosí, para 1593-1603 y 1609 se descubren los filones de sierra de Pinos y Ramos.
Los recursos técnicos de los españoles hicieron posible la gran explotación minera.
Los mineros debían pagar el Real Quinto, pero en los minerales de plata se pagaba, a diferencia de los peruanos, el diezmo (1/10, en vez de 1/5), debido a la carestía del azogue en Nueva España.
El trabajo en las minas era el más peligroso y duro; las condiciones y la técnica de las minas lo hacían muy riesgoso y los trabajadores no respondían a los estímulos. La disminución de la población indígena superó todas las posibilidades de crear la mano de obra estable.
La explotación de yacimientos de Nueva España estuvo de acuerdo con el oscilante monopolio peninsular. La irregularidad de los suministros hizo que se adoptara el procedimiento de repartir equitativamente los azogues por mano de oficiales reales entre los mineros.
Un balance certero de la minería novo hispana del XVII es prácticamente imposible debido a la escasez y a la incertidumbre de datos confiables.
Pueden destacarse algunos hechos generales: la bonanza minera de los años inmediatamente posteriores a la conquista (que comprendieron principalmente el oro lavad) no se alcanza con la plata a finales del XVI ni en la mayor parte del siglo XVII, a pesar de los numerosos yacimientos que se descubren. A mitad del XVII, la producción de plata se reduce tanto, que la economía de Nueva España se repliega dentro de sus fronteras, y en este territorio se localizan economías autosuficientes, cerradas al tráfico marítimo con la metrópoli.
Paralelamente se disminuyen los envíos de plata a la Península; y este fenómeno se explica no sólo por la contracción de la actividad minera, sino por la inevitable necesidad de dedicar la producción metálica al sostén de la administración del virreinato, su defensa y apoyo económico de las islas del Caribe con los “situados”, destinados en principio a gastos militares (construcción de puntos de defensa y pago de guarniciones)
Profa. Maldonado Figueroa Graciela
SOCIEDAD CULTURA Y VIDA COTIDIANA.
PROPÓSITO
A través de las siguientes lecturas el alumno tendrá la oportunidad conocer las diversas expresiones de la vida cotidiana que en la Nueva España, que van desde los vestidos de las diferentes capas sociales hasta la elaboración de joyas, pinturas monumentales para los conventos e iglesias, el diseño de vestidos de las clases dominantes, las pelucas y las gorgueras, los sarapes, las espuelas y los bailes llamados jarabes, las sedas traídas de Filipinas.
INTRODUCCIÓN
El grabado europeo del siglo XVIII obedeció a distintos intereses que poseen en común la difusión de conocimientos a través de las imágenes. Uno de ellos fue el interés científico, con el afán de conocer el mundo y el universo se grabaron gran cantidad de mapas. También existía mucha curiosidad por saber cómo eran las tierras allende el mar, por lo que muchos grabado de la época se centraban en describir alimentos, animales y hierbas desconocidas hasta el momento, y en retratar el mundo aborigen con sus costumbres e indumentarias. Asimismo, la posibilidad de incorporar imágenes a los textos que se reproducían por medio de la imprenta dio origen a múltiples retratos, principalmente religiosos, pues la religión fue un tema preponderante durante el siglo XVIII. A lo largo de estos siglos han sobrevivido muchos grabados de virreyes y prelados, tanto de España como de la Nueva España, los cuales permiten estudiar la indumentaria de estos personajes.
Retratos de una Sociedad
Los pintores barrocos dieron un gran peso a la representación de los gestos, a la vez que trabajaban con gran detalle la piel y las vestimentas con sus discípulos y trabajaban sobre tela o tablas, al óleo o al temple. Los modelos humanos no se copiaban; hubiera sido impropio representar con el rostro de una muchacha o un hombre de la calle a la Virgen y a Jesucristo, o a santos y mártires, parangones todos ellos de lo que entonces se entendía por belleza física, la cual además permanecía imperturbable a pesar de estar sometidos sus portadores a atroces tormentos, ante un fondo tenebroso o paisajes convencionales de montañas azules y verdes prados. El pudor de ángeles y serafines se protegía con gasas o con armaduras romanas.
Pero el retrato no abordaba sólo temas religiosos; por él desfilaba una sociedad novohispana que ya para entonces era muy variada: personas ocupadas en actividades cotidianas, personajes de alcurnia, teólogos famosos, obispos, monjas engalanadas o yacentes en su lecho mortuorio, señoras nobles y sus hijos, o doctores universitarios. Todos ellos, al perpetuar su efigie, legaron también a nuestros ojos el detalle de su vestimenta.
El Lejano Oriente, presente.
A pesar del empeño de la Corona española en proteger su industria y a los mercaderes castellanos, los productos textiles asiáticos gozaban de gran popularidad en América. La ropa de Filipinas, por ejemplo, se vendían en calles y mercados. Las telas orientales, con sus motivos y colorido, dieron origen a prendas como el paliacate, el cual tomó su nombre de su lugar de procedencia (la ciudad de Calicut-pañicut, en la India) y aún forma parte de la indumentaria popular e indígena de nuestro país. Otras se emplearon en prendas distintas de aquellas a las que se habían destinado, como los vestidos para dama elaborados con las sedas de las que se fabricaban la indumentaria oriental.
De oriente vinieron las telas decoradas con flores (especialmente las rosas bordadas en seda de múltiples tonos), medallones, coronas, frutos, vegetación y árboles como los tabachines. Asimismo, el gusto mexicano por lo colores intensos y contrastantes se identificó con el uso oriental de colores complementarios en un misma pieza textil, el delineado negro de las figuras y los efectos de engamados para producir luces y sombras en los motivos florares.
La influencia asiática en los textiles de la Nueva España se reflejó también en la llegada de múltiples maestros artesanos a enseñar algunas técnicas orientales en los talles gremiales.
La Nueva España llegó a ser la principal estación naval española en el Nuevo Mundo, donde los barcos de la flota de las Indias, cargados de oro, se concentraban antes de hincar la travesía de vuelta a España. Se sacaban recursos de las colonias para fabricar artículos en la madre patria, lo cual proveía de empleo y mercado, pues los mismos productos se vendían luego en las colonias.
Pero lo que transformó por completo el comercio internacional fueron los metales preciosos, que tenían una gran demanda en el Lejano Oriente. Así, a cambio de los bienes asiáticos, Europa ofrecía monedas de plata acuñadas en México. Lo anterior fue aprovechado por los comerciantes para su propio enriquecimiento, sobre todo en el comercio ilícito con los contrabandistas, piratas y corsarios.
Hiladores, tejedores, tintoreros, bordadores, sastres, agujeros, pañeros, curtidores, engarzadores, entorchadotes y lentejueleros creaban tejidos, prendas y accesorios que más tarde se enviaban a España.
De la gorguera a las cabelleras
Con la decadencia del imperio español durante el siglo XVII se ensombreció también la moda del traje ibérico, escindido ahora entre el apego a la tradición y la creciente semejanza con el traje francés. El atuendo masculino español había adquirido ya la formalidad de sus componentes actuales, excepto por el calzón, antecedente del pantalón. En cambio, las galas de las mujeres continuaron libremente su carrera barroca, sin otros cambios que los producidos por los vaivenes de la moda. En un principio eran las telas densas y oscuras, pesadas y opacas, realzadas con texturas y recamados de oro y plata, que envolvían los cuerpos y velaban sus formas naturales. El corsé se llevaba en forma de cono, con el talle más alto o más bajo según la moda. A finales de siglo apareció el traje suelto o mantua (nombre derivado de la ciudad del norte de Italia), anunciando un cambio que se producirá en al centuria siguiente.
Dechados de Virtudes
En el dechado de virtudes que realizaban las señoritas casaderas se desplegaba una gran técnica de puntos y texturas. Para lograrlas se empleaban numerosas técnicas, particularmente el zurcido, el bordado de realce, el calado y el deshilado. Las orillas se guarnecían con encaje hecho a mano. Estas obras se empleaban como tapices, cortinas y colchas, entre otros, o bien se enmarcaban y colgaban en las paredes. Las jóvenes, mientras aprendían a bordar, realizaban bonitos abecedarios, en los que se incluían números y dibujos, así como citas bíblicas.
Los bordadores no trabajaban sólo para el culto eclesiástico; sus obras engalanaban también la ostentosa industria de los señores principales, quienes ponían a su disposición exquisitos hilos y telas. Asimismo, durante los siglos XVII y XVIII, la gente de la nobleza acostumbraban adornar de encajes las gorgueras, los cuellos, los zapatos, chales, mantillas delantales, sobreros y hasta las calzas de lino que se llevaban sobre las medias.
También se comenzaron a utilizar encajes en los elementos del culto religioso y en la ropa de cama y mesa. Los libros de patrones para encajes tenían mucha aceptación. En un primer momento estuvieron destinados a la nobleza y a la realeza pero, más adelante incluían ya instrucciones prácticas destinadas a un público más amplio.
SOCIEDAD, CULTURA Y VIDA COTIDIANA
PROPÓSITO
A través de las siguientes lecturas el alumno tendrá la oportunidad conocer las diversas expresiones de la vida cotidiana que en la Nueva España, que van desde los vestidos de las diferentes capas sociales hasta la elaboración de joyas, pinturas monumentales para los conventos e iglesias, el diseño de vestidos de las clases dominantes, las pelucas y las gorgueras, los sarapes, las espuelas y los bailes llamados jarabes, las sedas traídas de Filipinas.
INTRODUCCIÓN
El grabado europeo del siglo XVIII obedeció a distintos intereses que poseen en común la difusión de conocimientos a través de las imágenes. Uno de ellos fue el interés científico, con el afán de conocer el mundo y el universo se grabaron gran cantidad de mapas. También existía mucha curiosidad por saber cómo eran las tierras allende el mar, por lo que muchos grabado de la época se centraban en describir alimentos, animales y hierbas desconocidas hasta el momento, y en retratar el mundo aborigen con sus costumbres e indumentarias. Asimismo, la posibilidad de incorporar imágenes a los textos que se reproducían por medio de la imprenta dio origen a múltiples retratos, principalmente religiosos, pues la religión fue un tema preponderante durante el siglo XVIII. A lo largo de estos siglos han sobrevivido muchos grabados de virreyes y prelados, tanto de España como de la Nueva España, los cuales permiten estudiar la indumentaria de estos personajes.
Retratos de una Sociedad
Los pintores barrocos dieron un gran peso a la representación de los gestos, a la vez que trabajaban con gran detalle la piel y las vestimentas con sus discípulos y trabajaban sobre tela o tablas, al óleo o al temple. Los modelos humanos no se copiaban; hubiera sido impropio representar con el rostro de una muchacha o un hombre de la calle a la Virgen y a Jesucristo, o a santos y mártires, parangones todos ellos de lo que entonces se entendía por belleza física, la cual además permanecía imperturbable a pesar de estar sometidos sus portadores a atroces tormentos, ante un fondo tenebroso o paisajes convencionales de montañas azules y verdes prados. El pudor de ángeles y serafines se protegía con gasas o con armaduras romanas.
Pero el retrato no abordaba sólo temas religiosos; por él desfilaba una sociedad novohispana que ya para entonces era muy variada: personas ocupadas en actividades cotidianas, personajes de alcurnia, teólogos famosos, obispos, monjas engalanadas o yacentes en su lecho mortuorio, señoras nobles y sus hijos, o doctores universitarios. Todos ellos, al perpetuar su efigie, legaron también a nuestros ojos el detalle de su vestimenta.
El Lejano Oriente, presente.
A pesar del empeño de la Corona española en proteger su industria y a los mercaderes castellanos, los productos textiles asiáticos gozaban de gran popularidad en América. La ropa de Filipinas, por ejemplo, se vendían en calles y mercados. Las telas orientales, con sus motivos y colorido, dieron origen a prendas como el paliacate, el cual tomó su nombre de su lugar de procedencia (la ciudad de Calicut-pañicut, en la India) y aún forma parte de la indumentaria popular e indígena de nuestro país. Otras se emplearon en prendas distintas de aquellas a las que se habían destinado, como los vestidos para dama elaborados con las sedas de las que se fabricaban la indumentaria oriental.
De oriente vinieron las telas decoradas con flores (especialmente las rosas bordadas en seda de múltiples tonos), medallones, coronas, frutos, vegetación y árboles como los tabachines. Asimismo, el gusto mexicano por lo colores intensos y contrastantes se identificó con el uso oriental de colores complementarios en un misma pieza textil, el delineado negro de las figuras y los efectos de engamados para producir luces y sombras en los motivos florares.
La influencia asiática en los textiles de la Nueva España se reflejó también en la llegada de múltiples maestros artesanos a enseñar algunas técnicas orientales en los talles gremiales.
La Nueva España llegó a ser la principal estación naval española en el Nuevo Mundo, donde los barcos de la flota de las Indias, cargados de oro, se concentraban antes de hincar la travesía de vuelta a España. Se sacaban recursos de las colonias para fabricar artículos en la madre patria, lo cual proveía de empleo y mercado, pues los mismos productos se vendían luego en las colonias.
Pero lo que transformó por completo el comercio internacional fueron los metales preciosos, que tenían una gran demanda en el Lejano Oriente. Así, a cambio de los bienes asiáticos, Europa ofrecía monedas de plata acuñadas en México. Lo anterior fue aprovechado por los comerciantes para su propio enriquecimiento, sobre todo en el comercio ilícito con los contrabandistas, piratas y corsarios.
Hiladores, tejedores, tintoreros, bordadores, sastres, agujeros, pañeros, curtidores, engarzadores, entorchadotes y lentejueleros creaban tejidos, prendas y accesorios que más tarde se enviaban a España.
De la gorguera a las cabelleras
Con la decadencia del imperio español durante el siglo XVII se ensombreció también la moda del traje ibérico, escindido ahora entre el apego a la tradición y la creciente semejanza con el traje francés. El atuendo masculino español había adquirido ya la formalidad de sus componentes actuales, excepto por el calzón, antecedente del pantalón. En cambio, las galas de las mujeres continuaron libremente su carrera barroca, sin otros cambios que los producidos por los vaivenes de la moda. En un principio eran las telas densas y oscuras, pesadas y opacas, realzadas con texturas y recamados de oro y plata, que envolvían los cuerpos y velaban sus formas naturales. El corsé se llevaba en forma de cono, con el talle más alto o más bajo según la moda. A finales de siglo apareció el traje suelto o mantua (nombre derivado de la ciudad del norte de Italia), anunciando un cambio que se producirá en al centuria siguiente.
Dechados de Virtudes
En el dechado de virtudes que realizaban las señoritas casaderas se desplegaba una gran técnica de puntos y texturas. Para lograrlas se empleaban numerosas técnicas, particularmente el zurcido, el bordado de realce, el calado y el deshilado. Las orillas se guarnecían con encaje hecho a mano. Estas obras se empleaban como tapices, cortinas y colchas, entre otros, o bien se enmarcaban y colgaban en las paredes. Las jóvenes, mientras aprendían a bordar, realizaban bonitos abecedarios, en los que se incluían números y dibujos, así como citas bíblicas.
Los bordadores no trabajaban sólo para el culto eclesiástico; sus obras engalanaban también la ostentosa industria de los señores principales, quienes ponían a su disposición exquisitos hilos y telas. Asimismo, durante los siglos XVII y XVIII, la gente de la nobleza acostumbraban adornar de encajes las gorgueras, los cuellos, los zapatos, chales, mantillas delantales, sobreros y hasta las calzas de lino que se llevaban sobre las medias.
También se comenzaron a utilizar encajes en los elementos del culto religioso y en la ropa de cama y mesa. Los libros de patrones para encajes tenían mucha aceptación. En un primer momento estuvieron destinados a la nobleza y a la realeza pero, más adelante incluían ya instrucciones prácticas destinadas a un público más amplio.
SOCIEDAD, CULTURA Y VIDA COTIDIANA
PROPÓSITO
A través de las siguientes lecturas el alumno tendrá la oportunidad conocer las diversas expresiones de la vida cotidiana que en la Nueva España, que van desde los vestidos de las diferentes capas sociales hasta la elaboración de joyas, pinturas monumentales para los conventos e iglesias, el diseño de vestidos de las clases dominantes, las pelucas y las gorgueras, los sarapes, las espuelas y los bailes llamados jarabes, las sedas traídas de Filipinas.
INTRODUCCIÓN
El grabado europeo del siglo XVIII obedeció a distintos intereses que poseen en común la difusión de conocimientos a través de las imágenes. Uno de ellos fue el interés científico, con el afán de conocer el mundo y el universo se grabaron gran cantidad de mapas. También existía mucha curiosidad por saber cómo eran las tierras allende el mar, por lo que muchos grabado de la época se centraban en describir alimentos, animales y hierbas desconocidas hasta el momento, y en retratar el mundo aborigen con sus costumbres e indumentarias. Asimismo, la posibilidad de incorporar imágenes a los textos que se reproducían por medio de la imprenta dio origen a múltiples retratos, principalmente religiosos, pues la religión fue un tema preponderante durante el siglo XVIII. A lo largo de estos siglos han sobrevivido muchos grabados de virreyes y prelados, tanto de España como de la Nueva España, los cuales permiten estudiar la indumentaria de estos personajes.
Retratos de una Sociedad
Los pintores barrocos dieron un gran peso a la representación de los gestos, a la vez que trabajaban con gran detalle la piel y las vestimentas con sus discípulos y trabajaban sobre tela o tablas, al óleo o al temple. Los modelos humanos no se copiaban; hubiera sido impropio representar con el rostro de una muchacha o un hombre de la calle a la Virgen y a Jesucristo, o a santos y mártires, parangones todos ellos de lo que entonces se entendía por belleza física, la cual además permanecía imperturbable a pesar de estar sometidos sus portadores a atroces tormentos, ante un fondo tenebroso o paisajes convencionales de montañas azules y verdes prados. El pudor de ángeles y serafines se protegía con gasas o con armaduras romanas.
Pero el retrato no abordaba sólo temas religiosos; por él desfilaba una sociedad novohispana que ya para entonces era muy variada: personas ocupadas en actividades cotidianas, personajes de alcurnia, teólogos famosos, obispos, monjas engalanadas o yacentes en su lecho mortuorio, señoras nobles y sus hijos, o doctores universitarios. Todos ellos, al perpetuar su efigie, legaron también a nuestros ojos el detalle de su vestimenta.
El Lejano Oriente, presente.
A pesar del empeño de la Corona española en proteger su industria y a los mercaderes castellanos, los productos textiles asiáticos gozaban de gran popularidad en América. La ropa de Filipinas, por ejemplo, se vendían en calles y mercados. Las telas orientales, con sus motivos y colorido, dieron origen a prendas como el paliacate, el cual tomó su nombre de su lugar de procedencia (la ciudad de Calicut-pañicut, en la India) y aún forma parte de la indumentaria popular e indígena de nuestro país. Otras se emplearon en prendas distintas de aquellas a las que se habían destinado, como los vestidos para dama elaborados con las sedas de las que se fabricaban la indumentaria oriental.
De oriente vinieron las telas decoradas con flores (especialmente las rosas bordadas en seda de múltiples tonos), medallones, coronas, frutos, vegetación y árboles como los tabachines. Asimismo, el gusto mexicano por lo colores intensos y contrastantes se identificó con el uso oriental de colores complementarios en un misma pieza textil, el delineado negro de las figuras y los efectos de engamados para producir luces y sombras en los motivos florares.
La influencia asiática en los textiles de la Nueva España se reflejó también en la llegada de múltiples maestros artesanos a enseñar algunas técnicas orientales en los talles gremiales.
La Nueva España llegó a ser la principal estación naval española en el Nuevo Mundo, donde los barcos de la flota de las Indias, cargados de oro, se concentraban antes de hincar la travesía de vuelta a España. Se sacaban recursos de las colonias para fabricar artículos en la madre patria, lo cual proveía de empleo y mercado, pues los mismos productos se vendían luego en las colonias.
Pero lo que transformó por completo el comercio internacional fueron los metales preciosos, que tenían una gran demanda en el Lejano Oriente. Así, a cambio de los bienes asiáticos, Europa ofrecía monedas de plata acuñadas en México. Lo anterior fue aprovechado por los comerciantes para su propio enriquecimiento, sobre todo en el comercio ilícito con los contrabandistas, piratas y corsarios.
Hiladores, tejedores, tintoreros, bordadores, sastres, agujeros, pañeros, curtidores, engarzadores, entorchadotes y lentejueleros creaban tejidos, prendas y accesorios que más tarde se enviaban a España.
De la gorguera a las cabelleras
Con la decadencia del imperio español durante el siglo XVII se ensombreció también la moda del traje ibérico, escindido ahora entre el apego a la tradición y la creciente semejanza con el traje francés. El atuendo masculino español había adquirido ya la formalidad de sus componentes actuales, excepto por el calzón, antecedente del pantalón. En cambio, las galas de las mujeres continuaron libremente su carrera barroca, sin otros cambios que los producidos por los vaivenes de la moda. En un principio eran las telas densas y oscuras, pesadas y opacas, realzadas con texturas y recamados de oro y plata, que envolvían los cuerpos y velaban sus formas naturales. El corsé se llevaba en forma de cono, con el talle más alto o más bajo según la moda. A finales de siglo apareció el traje suelto o mantua (nombre derivado de la ciudad del norte de Italia), anunciando un cambio que se producirá en al centuria siguiente.
Dechados de Virtudes
En el dechado de virtudes que realizaban las señoritas casaderas se desplegaba una gran técnica de puntos y texturas. Para lograrlas se empleaban numerosas técnicas, particularmente el zurcido, el bordado de realce, el calado y el deshilado. Las orillas se guarnecían con encaje hecho a mano. Estas obras se empleaban como tapices, cortinas y colchas, entre otros, o bien se enmarcaban y colgaban en las paredes. Las jóvenes, mientras aprendían a bordar, realizaban bonitos abecedarios, en los que se incluían números y dibujos, así como citas bíblicas.
Los bordadores no trabajaban sólo para el culto eclesiástico; sus obras engalanaban también la ostentosa industria de los señores principales, quienes ponían a su disposición exquisitos hilos y telas. Asimismo, durante los siglos XVII y XVIII, la gente de la nobleza acostumbraban adornar de encajes las gorgueras, los cuellos, los zapatos, chales, mantillas delantales, sobreros y hasta las calzas de lino que se llevaban sobre las medias.
También se comenzaron a utilizar encajes en los elementos del culto religioso y en la ropa de cama y mesa. Los libros de patrones para encajes tenían mucha aceptación. En un primer momento estuvieron destinados a la nobleza y a la realeza pero, más adelante incluían ya instrucciones prácticas destinadas a un público más amplio.
A través de las siguientes lecturas el alumno tendrá la oportunidad conocer las diversas expresiones de la vida cotidiana que en la Nueva España, que van desde los vestidos de las diferentes capas sociales hasta la elaboración de joyas, pinturas monumentales para los conventos e iglesias, el diseño de vestidos de las clases dominantes, las pelucas y las gorgueras, los sarapes, las espuelas y los bailes llamados jarabes, las sedas traídas de Filipinas.
INTRODUCCIÓN
El grabado europeo del siglo XVIII obedeció a distintos intereses que poseen en común la difusión de conocimientos a través de las imágenes. Uno de ellos fue el interés científico, con el afán de conocer el mundo y el universo se grabaron gran cantidad de mapas. También existía mucha curiosidad por saber cómo eran las tierras allende el mar, por lo que muchos grabado de la época se centraban en describir alimentos, animales y hierbas desconocidas hasta el momento, y en retratar el mundo aborigen con sus costumbres e indumentarias. Asimismo, la posibilidad de incorporar imágenes a los textos que se reproducían por medio de la imprenta dio origen a múltiples retratos, principalmente religiosos, pues la religión fue un tema preponderante durante el siglo XVIII. A lo largo de estos siglos han sobrevivido muchos grabados de virreyes y prelados, tanto de España como de la Nueva España, los cuales permiten estudiar la indumentaria de estos personajes.
Retratos de una Sociedad
Los pintores barrocos dieron un gran peso a la representación de los gestos, a la vez que trabajaban con gran detalle la piel y las vestimentas con sus discípulos y trabajaban sobre tela o tablas, al óleo o al temple. Los modelos humanos no se copiaban; hubiera sido impropio representar con el rostro de una muchacha o un hombre de la calle a la Virgen y a Jesucristo, o a santos y mártires, parangones todos ellos de lo que entonces se entendía por belleza física, la cual además permanecía imperturbable a pesar de estar sometidos sus portadores a atroces tormentos, ante un fondo tenebroso o paisajes convencionales de montañas azules y verdes prados. El pudor de ángeles y serafines se protegía con gasas o con armaduras romanas.
Pero el retrato no abordaba sólo temas religiosos; por él desfilaba una sociedad novohispana que ya para entonces era muy variada: personas ocupadas en actividades cotidianas, personajes de alcurnia, teólogos famosos, obispos, monjas engalanadas o yacentes en su lecho mortuorio, señoras nobles y sus hijos, o doctores universitarios. Todos ellos, al perpetuar su efigie, legaron también a nuestros ojos el detalle de su vestimenta.
El Lejano Oriente, presente.
A pesar del empeño de la Corona española en proteger su industria y a los mercaderes castellanos, los productos textiles asiáticos gozaban de gran popularidad en América. La ropa de Filipinas, por ejemplo, se vendían en calles y mercados. Las telas orientales, con sus motivos y colorido, dieron origen a prendas como el paliacate, el cual tomó su nombre de su lugar de procedencia (la ciudad de Calicut-pañicut, en la India) y aún forma parte de la indumentaria popular e indígena de nuestro país. Otras se emplearon en prendas distintas de aquellas a las que se habían destinado, como los vestidos para dama elaborados con las sedas de las que se fabricaban la indumentaria oriental.
De oriente vinieron las telas decoradas con flores (especialmente las rosas bordadas en seda de múltiples tonos), medallones, coronas, frutos, vegetación y árboles como los tabachines. Asimismo, el gusto mexicano por lo colores intensos y contrastantes se identificó con el uso oriental de colores complementarios en un misma pieza textil, el delineado negro de las figuras y los efectos de engamados para producir luces y sombras en los motivos florares.
La influencia asiática en los textiles de la Nueva España se reflejó también en la llegada de múltiples maestros artesanos a enseñar algunas técnicas orientales en los talles gremiales.
La Nueva España llegó a ser la principal estación naval española en el Nuevo Mundo, donde los barcos de la flota de las Indias, cargados de oro, se concentraban antes de hincar la travesía de vuelta a España. Se sacaban recursos de las colonias para fabricar artículos en la madre patria, lo cual proveía de empleo y mercado, pues los mismos productos se vendían luego en las colonias.
Pero lo que transformó por completo el comercio internacional fueron los metales preciosos, que tenían una gran demanda en el Lejano Oriente. Así, a cambio de los bienes asiáticos, Europa ofrecía monedas de plata acuñadas en México. Lo anterior fue aprovechado por los comerciantes para su propio enriquecimiento, sobre todo en el comercio ilícito con los contrabandistas, piratas y corsarios.
Hiladores, tejedores, tintoreros, bordadores, sastres, agujeros, pañeros, curtidores, engarzadores, entorchadotes y lentejueleros creaban tejidos, prendas y accesorios que más tarde se enviaban a España.
De la gorguera a las cabelleras
Con la decadencia del imperio español durante el siglo XVII se ensombreció también la moda del traje ibérico, escindido ahora entre el apego a la tradición y la creciente semejanza con el traje francés. El atuendo masculino español había adquirido ya la formalidad de sus componentes actuales, excepto por el calzón, antecedente del pantalón. En cambio, las galas de las mujeres continuaron libremente su carrera barroca, sin otros cambios que los producidos por los vaivenes de la moda. En un principio eran las telas densas y oscuras, pesadas y opacas, realzadas con texturas y recamados de oro y plata, que envolvían los cuerpos y velaban sus formas naturales. El corsé se llevaba en forma de cono, con el talle más alto o más bajo según la moda. A finales de siglo apareció el traje suelto o mantua (nombre derivado de la ciudad del norte de Italia), anunciando un cambio que se producirá en al centuria siguiente.
Dechados de Virtudes
En el dechado de virtudes que realizaban las señoritas casaderas se desplegaba una gran técnica de puntos y texturas. Para lograrlas se empleaban numerosas técnicas, particularmente el zurcido, el bordado de realce, el calado y el deshilado. Las orillas se guarnecían con encaje hecho a mano. Estas obras se empleaban como tapices, cortinas y colchas, entre otros, o bien se enmarcaban y colgaban en las paredes. Las jóvenes, mientras aprendían a bordar, realizaban bonitos abecedarios, en los que se incluían números y dibujos, así como citas bíblicas.
Los bordadores no trabajaban sólo para el culto eclesiástico; sus obras engalanaban también la ostentosa industria de los señores principales, quienes ponían a su disposición exquisitos hilos y telas. Asimismo, durante los siglos XVII y XVIII, la gente de la nobleza acostumbraban adornar de encajes las gorgueras, los cuellos, los zapatos, chales, mantillas delantales, sobreros y hasta las calzas de lino que se llevaban sobre las medias.
También se comenzaron a utilizar encajes en los elementos del culto religioso y en la ropa de cama y mesa. Los libros de patrones para encajes tenían mucha aceptación. En un primer momento estuvieron destinados a la nobleza y a la realeza pero, más adelante incluían ya instrucciones prácticas destinadas a un público más amplio.
SOCIEDAD, CULTURA Y VIDA COTIDIANA
PROPÓSITO
A través de las siguientes lecturas el alumno tendrá la oportunidad conocer las diversas expresiones de la vida cotidiana que en la Nueva España, que van desde los vestidos de las diferentes capas sociales hasta la elaboración de joyas, pinturas monumentales para los conventos e iglesias, el diseño de vestidos de las clases dominantes, las pelucas y las gorgueras, los sarapes, las espuelas y los bailes llamados jarabes, las sedas traídas de Filipinas.
INTRODUCCIÓN
El grabado europeo del siglo XVIII obedeció a distintos intereses que poseen en común la difusión de conocimientos a través de las imágenes. Uno de ellos fue el interés científico, con el afán de conocer el mundo y el universo se grabaron gran cantidad de mapas. También existía mucha curiosidad por saber cómo eran las tierras allende el mar, por lo que muchos grabado de la época se centraban en describir alimentos, animales y hierbas desconocidas hasta el momento, y en retratar el mundo aborigen con sus costumbres e indumentarias. Asimismo, la posibilidad de incorporar imágenes a los textos que se reproducían por medio de la imprenta dio origen a múltiples retratos, principalmente religiosos, pues la religión fue un tema preponderante durante el siglo XVIII. A lo largo de estos siglos han sobrevivido muchos grabados de virreyes y prelados, tanto de España como de la Nueva España, los cuales permiten estudiar la indumentaria de estos personajes.
Retratos de una Sociedad
Los pintores barrocos dieron un gran peso a la representación de los gestos, a la vez que trabajaban con gran detalle la piel y las vestimentas con sus discípulos y trabajaban sobre tela o tablas, al óleo o al temple. Los modelos humanos no se copiaban; hubiera sido impropio representar con el rostro de una muchacha o un hombre de la calle a la Virgen y a Jesucristo, o a santos y mártires, parangones todos ellos de lo que entonces se entendía por belleza física, la cual además permanecía imperturbable a pesar de estar sometidos sus portadores a atroces tormentos, ante un fondo tenebroso o paisajes convencionales de montañas azules y verdes prados. El pudor de ángeles y serafines se protegía con gasas o con armaduras romanas.
Pero el retrato no abordaba sólo temas religiosos; por él desfilaba una sociedad novohispana que ya para entonces era muy variada: personas ocupadas en actividades cotidianas, personajes de alcurnia, teólogos famosos, obispos, monjas engalanadas o yacentes en su lecho mortuorio, señoras nobles y sus hijos, o doctores universitarios. Todos ellos, al perpetuar su efigie, legaron también a nuestros ojos el detalle de su vestimenta.
El Lejano Oriente, presente.
A pesar del empeño de la Corona española en proteger su industria y a los mercaderes castellanos, los productos textiles asiáticos gozaban de gran popularidad en América. La ropa de Filipinas, por ejemplo, se vendían en calles y mercados. Las telas orientales, con sus motivos y colorido, dieron origen a prendas como el paliacate, el cual tomó su nombre de su lugar de procedencia (la ciudad de Calicut-pañicut, en la India) y aún forma parte de la indumentaria popular e indígena de nuestro país. Otras se emplearon en prendas distintas de aquellas a las que se habían destinado, como los vestidos para dama elaborados con las sedas de las que se fabricaban la indumentaria oriental.
De oriente vinieron las telas decoradas con flores (especialmente las rosas bordadas en seda de múltiples tonos), medallones, coronas, frutos, vegetación y árboles como los tabachines. Asimismo, el gusto mexicano por lo colores intensos y contrastantes se identificó con el uso oriental de colores complementarios en un misma pieza textil, el delineado negro de las figuras y los efectos de engamados para producir luces y sombras en los motivos florares.
La influencia asiática en los textiles de la Nueva España se reflejó también en la llegada de múltiples maestros artesanos a enseñar algunas técnicas orientales en los talles gremiales.
La Nueva España llegó a ser la principal estación naval española en el Nuevo Mundo, donde los barcos de la flota de las Indias, cargados de oro, se concentraban antes de hincar la travesía de vuelta a España. Se sacaban recursos de las colonias para fabricar artículos en la madre patria, lo cual proveía de empleo y mercado, pues los mismos productos se vendían luego en las colonias.
Pero lo que transformó por completo el comercio internacional fueron los metales preciosos, que tenían una gran demanda en el Lejano Oriente. Así, a cambio de los bienes asiáticos, Europa ofrecía monedas de plata acuñadas en México. Lo anterior fue aprovechado por los comerciantes para su propio enriquecimiento, sobre todo en el comercio ilícito con los contrabandistas, piratas y corsarios.
Hiladores, tejedores, tintoreros, bordadores, sastres, agujeros, pañeros, curtidores, engarzadores, entorchadotes y lentejueleros creaban tejidos, prendas y accesorios que más tarde se enviaban a España.
De la gorguera a las cabelleras
Con la decadencia del imperio español durante el siglo XVII se ensombreció también la moda del traje ibérico, escindido ahora entre el apego a la tradición y la creciente semejanza con el traje francés. El atuendo masculino español había adquirido ya la formalidad de sus componentes actuales, excepto por el calzón, antecedente del pantalón. En cambio, las galas de las mujeres continuaron libremente su carrera barroca, sin otros cambios que los producidos por los vaivenes de la moda. En un principio eran las telas densas y oscuras, pesadas y opacas, realzadas con texturas y recamados de oro y plata, que envolvían los cuerpos y velaban sus formas naturales. El corsé se llevaba en forma de cono, con el talle más alto o más bajo según la moda. A finales de siglo apareció el traje suelto o mantua (nombre derivado de la ciudad del norte de Italia), anunciando un cambio que se producirá en al centuria siguiente.
Dechados de Virtudes
En el dechado de virtudes que realizaban las señoritas casaderas se desplegaba una gran técnica de puntos y texturas. Para lograrlas se empleaban numerosas técnicas, particularmente el zurcido, el bordado de realce, el calado y el deshilado. Las orillas se guarnecían con encaje hecho a mano. Estas obras se empleaban como tapices, cortinas y colchas, entre otros, o bien se enmarcaban y colgaban en las paredes. Las jóvenes, mientras aprendían a bordar, realizaban bonitos abecedarios, en los que se incluían números y dibujos, así como citas bíblicas.
Los bordadores no trabajaban sólo para el culto eclesiástico; sus obras engalanaban también la ostentosa industria de los señores principales, quienes ponían a su disposición exquisitos hilos y telas. Asimismo, durante los siglos XVII y XVIII, la gente de la nobleza acostumbraban adornar de encajes las gorgueras, los cuellos, los zapatos, chales, mantillas delantales, sobreros y hasta las calzas de lino que se llevaban sobre las medias.
También se comenzaron a utilizar encajes en los elementos del culto religioso y en la ropa de cama y mesa. Los libros de patrones para encajes tenían mucha aceptación. En un primer momento estuvieron destinados a la nobleza y a la realeza pero, más adelante incluían ya instrucciones prácticas destinadas a un público más amplio.
SOCIEDAD, CULTURA Y VIDA COTIDIANA
PROPÓSITO
A través de las siguientes lecturas el alumno tendrá la oportunidad conocer las diversas expresiones de la vida cotidiana que en la Nueva España, que van desde los vestidos de las diferentes capas sociales hasta la elaboración de joyas, pinturas monumentales para los conventos e iglesias, el diseño de vestidos de las clases dominantes, las pelucas y las gorgueras, los sarapes, las espuelas y los bailes llamados jarabes, las sedas traídas de Filipinas.
INTRODUCCIÓN
El grabado europeo del siglo XVIII obedeció a distintos intereses que poseen en común la difusión de conocimientos a través de las imágenes. Uno de ellos fue el interés científico, con el afán de conocer el mundo y el universo se grabaron gran cantidad de mapas. También existía mucha curiosidad por saber cómo eran las tierras allende el mar, por lo que muchos grabado de la época se centraban en describir alimentos, animales y hierbas desconocidas hasta el momento, y en retratar el mundo aborigen con sus costumbres e indumentarias. Asimismo, la posibilidad de incorporar imágenes a los textos que se reproducían por medio de la imprenta dio origen a múltiples retratos, principalmente religiosos, pues la religión fue un tema preponderante durante el siglo XVIII. A lo largo de estos siglos han sobrevivido muchos grabados de virreyes y prelados, tanto de España como de la Nueva España, los cuales permiten estudiar la indumentaria de estos personajes.
Retratos de una Sociedad
Los pintores barrocos dieron un gran peso a la representación de los gestos, a la vez que trabajaban con gran detalle la piel y las vestimentas con sus discípulos y trabajaban sobre tela o tablas, al óleo o al temple. Los modelos humanos no se copiaban; hubiera sido impropio representar con el rostro de una muchacha o un hombre de la calle a la Virgen y a Jesucristo, o a santos y mártires, parangones todos ellos de lo que entonces se entendía por belleza física, la cual además permanecía imperturbable a pesar de estar sometidos sus portadores a atroces tormentos, ante un fondo tenebroso o paisajes convencionales de montañas azules y verdes prados. El pudor de ángeles y serafines se protegía con gasas o con armaduras romanas.
Pero el retrato no abordaba sólo temas religiosos; por él desfilaba una sociedad novohispana que ya para entonces era muy variada: personas ocupadas en actividades cotidianas, personajes de alcurnia, teólogos famosos, obispos, monjas engalanadas o yacentes en su lecho mortuorio, señoras nobles y sus hijos, o doctores universitarios. Todos ellos, al perpetuar su efigie, legaron también a nuestros ojos el detalle de su vestimenta.
El Lejano Oriente, presente.
A pesar del empeño de la Corona española en proteger su industria y a los mercaderes castellanos, los productos textiles asiáticos gozaban de gran popularidad en América. La ropa de Filipinas, por ejemplo, se vendían en calles y mercados. Las telas orientales, con sus motivos y colorido, dieron origen a prendas como el paliacate, el cual tomó su nombre de su lugar de procedencia (la ciudad de Calicut-pañicut, en la India) y aún forma parte de la indumentaria popular e indígena de nuestro país. Otras se emplearon en prendas distintas de aquellas a las que se habían destinado, como los vestidos para dama elaborados con las sedas de las que se fabricaban la indumentaria oriental.
De oriente vinieron las telas decoradas con flores (especialmente las rosas bordadas en seda de múltiples tonos), medallones, coronas, frutos, vegetación y árboles como los tabachines. Asimismo, el gusto mexicano por lo colores intensos y contrastantes se identificó con el uso oriental de colores complementarios en un misma pieza textil, el delineado negro de las figuras y los efectos de engamados para producir luces y sombras en los motivos florares.
La influencia asiática en los textiles de la Nueva España se reflejó también en la llegada de múltiples maestros artesanos a enseñar algunas técnicas orientales en los talles gremiales.
La Nueva España llegó a ser la principal estación naval española en el Nuevo Mundo, donde los barcos de la flota de las Indias, cargados de oro, se concentraban antes de hincar la travesía de vuelta a España. Se sacaban recursos de las colonias para fabricar artículos en la madre patria, lo cual proveía de empleo y mercado, pues los mismos productos se vendían luego en las colonias.
Pero lo que transformó por completo el comercio internacional fueron los metales preciosos, que tenían una gran demanda en el Lejano Oriente. Así, a cambio de los bienes asiáticos, Europa ofrecía monedas de plata acuñadas en México. Lo anterior fue aprovechado por los comerciantes para su propio enriquecimiento, sobre todo en el comercio ilícito con los contrabandistas, piratas y corsarios.
Hiladores, tejedores, tintoreros, bordadores, sastres, agujeros, pañeros, curtidores, engarzadores, entorchadotes y lentejueleros creaban tejidos, prendas y accesorios que más tarde se enviaban a España.
De la gorguera a las cabelleras
Con la decadencia del imperio español durante el siglo XVII se ensombreció también la moda del traje ibérico, escindido ahora entre el apego a la tradición y la creciente semejanza con el traje francés. El atuendo masculino español había adquirido ya la formalidad de sus componentes actuales, excepto por el calzón, antecedente del pantalón. En cambio, las galas de las mujeres continuaron libremente su carrera barroca, sin otros cambios que los producidos por los vaivenes de la moda. En un principio eran las telas densas y oscuras, pesadas y opacas, realzadas con texturas y recamados de oro y plata, que envolvían los cuerpos y velaban sus formas naturales. El corsé se llevaba en forma de cono, con el talle más alto o más bajo según la moda. A finales de siglo apareció el traje suelto o mantua (nombre derivado de la ciudad del norte de Italia), anunciando un cambio que se producirá en al centuria siguiente.
Dechados de Virtudes
En el dechado de virtudes que realizaban las señoritas casaderas se desplegaba una gran técnica de puntos y texturas. Para lograrlas se empleaban numerosas técnicas, particularmente el zurcido, el bordado de realce, el calado y el deshilado. Las orillas se guarnecían con encaje hecho a mano. Estas obras se empleaban como tapices, cortinas y colchas, entre otros, o bien se enmarcaban y colgaban en las paredes. Las jóvenes, mientras aprendían a bordar, realizaban bonitos abecedarios, en los que se incluían números y dibujos, así como citas bíblicas.
Los bordadores no trabajaban sólo para el culto eclesiástico; sus obras engalanaban también la ostentosa industria de los señores principales, quienes ponían a su disposición exquisitos hilos y telas. Asimismo, durante los siglos XVII y XVIII, la gente de la nobleza acostumbraban adornar de encajes las gorgueras, los cuellos, los zapatos, chales, mantillas delantales, sobreros y hasta las calzas de lino que se llevaban sobre las medias.
También se comenzaron a utilizar encajes en los elementos del culto religioso y en la ropa de cama y mesa. Los libros de patrones para encajes tenían mucha aceptación. En un primer momento estuvieron destinados a la nobleza y a la realeza pero, más adelante incluían ya instrucciones prácticas destinadas a un público más amplio.
REFORMAS BORBÓNICAS.
PROPÓSITOS:
Los alumnos tienen la oportunidad de de acercarse a un momento de la historia del Imperio Español donde se da un rompimiento en la continuidad de la historia y se inicia el resquebrajamiento de uno de los imperios más grandes de la historia.
INTRODUCCIÓN
Durante el siglo XVIII, la mayoría de los monarcas europeos habían logrado imponer un dominio absoluto y centralizar el poder, que reclamaban por derecho divino. A pesar de sus defectos, el absolutismo fue el vehículo de consolidación del Estado y dio fin al orden político predominante en el Medioevo, en que los reyes compartían el poder con los nobles y los burgueses agrupados en Cortes, estados generales o parlamentos.
El absolutismo introdujo una transformación que produjo algunos cambios sociales, pero no eliminó privilegios existentes en la época. Los reyes convirtieron a los nobles en cortesanos, pero sin arrebatarles el privilegio de no pagar impuestos, el tributo heredado de los tiempos medievales.
En el imperio Español se da un cambio de dinastía se acaba el dominio de Habsburgo por falta de línea hereditaria y asumen el poder la casa dinástica de los Borbones. En virtud de tal cambio, la Nueva España entra en el siglo XVIII bajo un nuevo esquema tendiente a modificar sus estructuras políticas y económicas, como un medio de hacer más eficiente la Real Hacienda y resolver la crisis económica de la Metrópoli.
Pero las “Reformas Borbónicas”, como se llamó al conjunto de medidas adoptadas por la Corona española para alcanzar tales propósitos, no pudieron aplicarse de manera sistemática sino hasta 1765, iniciándose entonces un proceso de reformas que afectaría de manera importante la vida social novohispana.
La Nueva España Borbónica
Los cambios que se dieron en España obedecieron a la necesidad de la nueva administración borbónica por corregir la situación de progresiva decadencia que se manifestó en el transcurso del siglo XVII, sobre todo a partir de 1640 cuando la Corona española no pudo hacer frente ya al colapso económico y entró en una etapa de crisis que, con algunos periodos intermedios de recuperación, perduró por un siglo.
El Rey de España, Carlos III para hacerse de mayor riqueza y así poder enfrentar sus guerras en Europa, aplica una serie de reformas, llamadas Borbónicas, para ejercer mayor control sobre sus colonias. A fin de disminuir la creciente influencia de los jesuitas, en 1767 la Corona decreta su expulsión y venta de sus bienes.
Los criollos cuyas fortunas y posiciones sociales están en América, desean liberarse del poder español. Forman una identidad propia opuesta a los “gachupines”, y un patriotismo que exalta el pasado azteca, y se oponen a la conquista, pero desprecian a los indígenas: Se oponen a las reformas borbónicas.
En 1777 se crea el Tribunal de Minería y en 1782, el Colegio de Minería. Manuel Tolsá, inicia la construcción del Palacio de Minería.
En 1789 se edita el primer periódico La Gaceta de México y en 1805 el Diario de México.
En el siglo XVIII se registra un alto crecimiento en la producción y en el comercio. La minería, la agricultura y los obrajes se desarrollan gracias a nuevas inversiones y avances tecnológicos. Grandes extensiones de suelo se encuentran en pocas manos. Ranchos y haciendas se multiplican amenazando las tierras de las comunidades indígenas. Las reformas Borbónicas permiten un mayor control sobre la economía colonial. Se centraliza el cobro de impuestos. La Corona concentra la producción y venta del tabaco, lo cual crea “monopolios” o “estancos”. Con la llegada de productos manufacturados de Norteamérica disminuye la producción de los obrajes.
En Inglaterra Tiene lugar la llamada Revolución Industrial. A raíz de algunos inventos, como la máquina de vapor o el telar mecánico, se transforma profundamente la economía. En 1776 las colonias inglesas en América se independizan. Nacen así los Estados Unidos de Norteamérica. En 1789 se inicia la Revolución Francesa, que acaba con la monarquía y establece por primera vez formas democráticas de gobierno basadas en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Al acabar la Revolución gobierna Napoleón I, quien en 1808 invade España y provoca la abdicación del rey Carlos IV.
La población blanca, que vive en mejores condiciones y resiste a las enfermedades, llega en 1750 a 650 000 habitantes. La población novohispana está compuesta de varios grupos étnicos. Hacia finales del siglo XVIII hay tres millones de indios, 1.3 millones de personas pertenecientes a las llamadas castas, un millón de criollos y entre diez y catorce mil españoles. Entre 1785 y 1786 mueren 300 mil personas a causa de las epidemias. Sin embargo, la población sigue creciendo. La sequía de 1809-1810 arruina la agricultura en el Bajío y provoca hambruna.
ACTIVIDADES
España cambia de casa reinante, los Habsburgo dejan el poder y continúan los Borbones franceses ¿A qué se debió ese cambio de dinastía?
_________________________________________________________________________
¿A qué si debió la nueva orientación económica que dieron los Reyes Borbones al Reino Español y sus colonias?
Hubo dos procesos históricos importantes que influyeron de manera especial en las colonias novohispanas, uno fue la Independencia Norteamericana y otro la Revolución Francesa ¿de qué manera influyeron y cuál fue el reflejo de estos dos procesos en Hispanoamérica?
En este periodo se dice que los Reyes españoles son absolutistas y que sus formas de gobierno introdujeron varias transformaciones sociales. Investiga qué es esta forma de gobierno denominada Absolutista y ¿qué cambios se dieron en el Imperio?
En Inglaterra se da un proceso importante, la Revolución Industrial ¿qué elementos determinan este avance tecnológico?
El Rey Carlos III para mejorar la economía de crisis que vivía España, inicia varias reformas de carácter administrativo a las que se le llamaron “Reformas Borbónicas”. Investiga la trascendencia que tuvo la aplicación de estas reformas.
EVALUACIÓN
En la investigación que hagan los alumnos se pondrá especial interés en que conozcan estas reformas y cuáles fueron las consecuencias de su aplicación.
En la historia hay rupturas y continuidades, este momento histórico les sirve a los estudiantes para observar este proceso y los efectos que se dieron.
También tendrán los alumnos la oportunidad de estudiar los acontecimientos exteriores que influyeron para la separación de la Nueva España de su Metrópoli.
Los alumnos tienen la oportunidad de de acercarse a un momento de la historia del Imperio Español donde se da un rompimiento en la continuidad de la historia y se inicia el resquebrajamiento de uno de los imperios más grandes de la historia.
INTRODUCCIÓN
Durante el siglo XVIII, la mayoría de los monarcas europeos habían logrado imponer un dominio absoluto y centralizar el poder, que reclamaban por derecho divino. A pesar de sus defectos, el absolutismo fue el vehículo de consolidación del Estado y dio fin al orden político predominante en el Medioevo, en que los reyes compartían el poder con los nobles y los burgueses agrupados en Cortes, estados generales o parlamentos.
El absolutismo introdujo una transformación que produjo algunos cambios sociales, pero no eliminó privilegios existentes en la época. Los reyes convirtieron a los nobles en cortesanos, pero sin arrebatarles el privilegio de no pagar impuestos, el tributo heredado de los tiempos medievales.
En el imperio Español se da un cambio de dinastía se acaba el dominio de Habsburgo por falta de línea hereditaria y asumen el poder la casa dinástica de los Borbones. En virtud de tal cambio, la Nueva España entra en el siglo XVIII bajo un nuevo esquema tendiente a modificar sus estructuras políticas y económicas, como un medio de hacer más eficiente la Real Hacienda y resolver la crisis económica de la Metrópoli.
Pero las “Reformas Borbónicas”, como se llamó al conjunto de medidas adoptadas por la Corona española para alcanzar tales propósitos, no pudieron aplicarse de manera sistemática sino hasta 1765, iniciándose entonces un proceso de reformas que afectaría de manera importante la vida social novohispana.
La Nueva España Borbónica
Los cambios que se dieron en España obedecieron a la necesidad de la nueva administración borbónica por corregir la situación de progresiva decadencia que se manifestó en el transcurso del siglo XVII, sobre todo a partir de 1640 cuando la Corona española no pudo hacer frente ya al colapso económico y entró en una etapa de crisis que, con algunos periodos intermedios de recuperación, perduró por un siglo.
El Rey de España, Carlos III para hacerse de mayor riqueza y así poder enfrentar sus guerras en Europa, aplica una serie de reformas, llamadas Borbónicas, para ejercer mayor control sobre sus colonias. A fin de disminuir la creciente influencia de los jesuitas, en 1767 la Corona decreta su expulsión y venta de sus bienes.
Los criollos cuyas fortunas y posiciones sociales están en América, desean liberarse del poder español. Forman una identidad propia opuesta a los “gachupines”, y un patriotismo que exalta el pasado azteca, y se oponen a la conquista, pero desprecian a los indígenas: Se oponen a las reformas borbónicas.
En 1777 se crea el Tribunal de Minería y en 1782, el Colegio de Minería. Manuel Tolsá, inicia la construcción del Palacio de Minería.
En 1789 se edita el primer periódico La Gaceta de México y en 1805 el Diario de México.
En el siglo XVIII se registra un alto crecimiento en la producción y en el comercio. La minería, la agricultura y los obrajes se desarrollan gracias a nuevas inversiones y avances tecnológicos. Grandes extensiones de suelo se encuentran en pocas manos. Ranchos y haciendas se multiplican amenazando las tierras de las comunidades indígenas. Las reformas Borbónicas permiten un mayor control sobre la economía colonial. Se centraliza el cobro de impuestos. La Corona concentra la producción y venta del tabaco, lo cual crea “monopolios” o “estancos”. Con la llegada de productos manufacturados de Norteamérica disminuye la producción de los obrajes.
En Inglaterra Tiene lugar la llamada Revolución Industrial. A raíz de algunos inventos, como la máquina de vapor o el telar mecánico, se transforma profundamente la economía. En 1776 las colonias inglesas en América se independizan. Nacen así los Estados Unidos de Norteamérica. En 1789 se inicia la Revolución Francesa, que acaba con la monarquía y establece por primera vez formas democráticas de gobierno basadas en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Al acabar la Revolución gobierna Napoleón I, quien en 1808 invade España y provoca la abdicación del rey Carlos IV.
La población blanca, que vive en mejores condiciones y resiste a las enfermedades, llega en 1750 a 650 000 habitantes. La población novohispana está compuesta de varios grupos étnicos. Hacia finales del siglo XVIII hay tres millones de indios, 1.3 millones de personas pertenecientes a las llamadas castas, un millón de criollos y entre diez y catorce mil españoles. Entre 1785 y 1786 mueren 300 mil personas a causa de las epidemias. Sin embargo, la población sigue creciendo. La sequía de 1809-1810 arruina la agricultura en el Bajío y provoca hambruna.
ACTIVIDADES
España cambia de casa reinante, los Habsburgo dejan el poder y continúan los Borbones franceses ¿A qué se debió ese cambio de dinastía?
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¿A qué si debió la nueva orientación económica que dieron los Reyes Borbones al Reino Español y sus colonias?
Hubo dos procesos históricos importantes que influyeron de manera especial en las colonias novohispanas, uno fue la Independencia Norteamericana y otro la Revolución Francesa ¿de qué manera influyeron y cuál fue el reflejo de estos dos procesos en Hispanoamérica?
En este periodo se dice que los Reyes españoles son absolutistas y que sus formas de gobierno introdujeron varias transformaciones sociales. Investiga qué es esta forma de gobierno denominada Absolutista y ¿qué cambios se dieron en el Imperio?
En Inglaterra se da un proceso importante, la Revolución Industrial ¿qué elementos determinan este avance tecnológico?
El Rey Carlos III para mejorar la economía de crisis que vivía España, inicia varias reformas de carácter administrativo a las que se le llamaron “Reformas Borbónicas”. Investiga la trascendencia que tuvo la aplicación de estas reformas.
EVALUACIÓN
En la investigación que hagan los alumnos se pondrá especial interés en que conozcan estas reformas y cuáles fueron las consecuencias de su aplicación.
En la historia hay rupturas y continuidades, este momento histórico les sirve a los estudiantes para observar este proceso y los efectos que se dieron.
También tendrán los alumnos la oportunidad de estudiar los acontecimientos exteriores que influyeron para la separación de la Nueva España de su Metrópoli.
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